Para unos padres, por lo general, tener un hijo es uno de los momentos más felices de sus vidas. Es un ser que sale de nuestro vientre y que crecerá con la genética mezclada de dos personas que, en principio, se aman… ¿puede haber algo más bonito? Sí: los perritos con disfraces de unicornio (joder, es que son tan monos…).

La cosa es que hoy tenemos que hablar de niños porque los protagonistas de nuestra historia de hoy son dos padres que, a día de hoy y meses después de haber dado a luz, todavía están alucinando con el niño que han traído al mundo.




Catherine y Richard Howarth son unos padres que, con casi total seguridad, pueden afirmar que tienen ‘hijos únicos’… de forma bastante literal, además. Y es que esta afirmación tiene el respaldo de la ciencia, que quieras que no, siempre ayuda.




Ambos residen en Inglaterra y, como muchas parejas hoy en día, decidieron tener un bebé. Ella salió embarazada y empezó el proceso que, nueve meses más tarde, la llevaría al paritorio donde darían la bienvenida al primero de sus hijos.

Ella, como podréis ver en las imágenes, es de piel negra y él, por su parte, de piel blanca. Por lo general, este tipo de parejas tienen bebés que tienden a tener el color de la piel más oscuro… pero su hijo les guardaba una sorpresa.

Catherine pasó por toda la labor de parto y, cuando el médico les entregó al bebé para que pudiesen verlo, la sorpresa fue mayúscula: este iba a llamarse Jorah, era pálido como su padre y tenía los ojos de un azul intenso (como un Caminante Blanco, vamos).

Lo cierto es que, en ese momento, los médicos también se quedaron en shock. Lo que estaban presenciando era algo bastante poco habitual ya que, los genes que determinan que el color de la piel sea negro son predominantes. De hecho, se estima que la posibilidad de que el niño, dado ese caso, saliese blanco, es de una entre un millón… y ocurrió..

Todo esto, hasta aquí, es una gran sorpresa… pero es que todavía teníamos más giros de guion previstos para los próximos ‘capítulos’ de esta particular aventura. Y es que Catherine volvió a quedarse embarazada.




Ellos pensaron que la probabilidad de que volviesen a tener un hijo blanco, ahora sí, era nula… pero ¿sabéis qué? La genética, con estos dos, estaba pasándose un buen rato: su hija Sophie también nació blanca y con los ojos azules, exactamente igual que su hermano mayor Jorah.

Lo cierto es que a los padres les costaba creer que lo que estaba pasando fuese real. Llegaron, incluso, a dudar de que los niños fuesen los suyos… pero nadie les había dado el cambiazo: era la genética la que estaba juguetona.

La única explicación que encontraron los médicos es que ella, a pesar de tener orígenes nigerianos, tuviese un antepasado blanco que ‘interfiriese’ en su genética… porque, de otra forma, estábamos ante un caso casi milagroso.

Como ya os podréis imaginar, ellos tienen muchas anécdotas al respecto. La principal de ellas es que, como podría ser previsible, muchas personas no se creen que los hijos sean de ella (son tan pálidos que de él no dudan). Ella, por su parte, está más que feliz de sus hijos, le crean o no.





A vosotros, ¿qué os ha parecido esta historia? ¿Conocéis algún caso parecido? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: Rolloid.