Miguel Herrán saltó a la fama por sus papeles como Río en ‘La casa de papel’ y Cristian en ‘Élite’, dos auténticos exitazos en Netflix; su fama se catapultó hasta el punto de ser un rostro conocido mundialmente. En su cuenta de Instagram, tiene la friolera de 14 millones de seguidores…

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Ahora es uno de los actores más conocidos de nuestro país (y fuera), pero detrás de todos los números y los éxitos que podemos ver los espectadores desde fuera existe una persona con sus problemas, como el resto. Hace unos días, Miguel concedió una entrevista para ‘El País’ en la que se ha sincerado sobre el lado oscuro de su éxito y los problemas que ha tenido que atravesar.

Miguel comenta que no se siente orgulloso de la persona que era antes y que odiaba el mundo. «Si yo te cuento las cosas que hacía antes no te cuadraría con la persona que soy ahora. Odiaba la vida, odiaba el mundo. Tuve una manera de ser bastante cabrona y de momento tengo miedo de contarlo, porque hice cosas de las que no me siento orgulloso.

«Me levantaba, me miraba al espejo y no me gustaba ni cómo era, ni lo que hacía, ni cómo trataba a la gente, ni cómo me trataba a mí mismo«.

Y es que en ese momento a Miguel ni se le pasaba por la cabeza dedicarse a la actuación, pero acabaría convirtiéndose en la motivación para continuar con su vida y reconducir su camino.

Miguel nunca ha ocultado que hace años no se preocupaba por la escuela o el trabajo; todo cambió cuando conoció a Daniel Guzmán, el director de ‘A cambio de nada’, quien le ofreció un papel en dicha película. Se presentó a tres cástings pero no mostraba realmente mucho interés en conseguir los papeles.



Al primero se presentó «con un melocotonazo», al segundo «fumado», al tercero no fue y en el cuarto apareció «de dudosa manera»;  pero poco le importó a Guzmán; al final, Miguel se lo tomó en serio.

No era una persona que tuviera sueños ni esperanzas. Era un tío que se hundía en un pozo y hundía con él a todo el que quería. No sabía lo que era un casting”, confesaba el actor en otra entrevista. Gracias a su papel en la película, recibió un Goya con tan solo 19 años.

A pesar de que a veces la vida de un famoso nos pueda parecer ‘perfecta’, también tienen sus problemas; hace meses, Miguel no dudó en compartir un vídeo llorando en su cuenta de Instagram.

Y es que en su vida no todo ha sido un camino de rosas. “He notado que la gente piensa que mi vida es la p****, que me he fo***** a Ester Expósito y a Úrsula Corberó, y que no me puedo quejar».

«El dinero no me ha hecho feliz, me ha quitado bastante felicidad y me ha dado más preocupaciones que cuando no lo tenía. Me ha hecho más ambicioso. El dinero me ha ensuciado como persona, no lo valoro. En el resto sigo igual o peor”, explicaba.

Asimismo, el deporte y la musculación han jugado un papel importante en su vida. «Cada verano es la comidilla con mis colegas: cómo está mi cuerpo, si estoy más grande o más definido. Y yo siempre les digo que lo triste es que ellos con su barriga y sus cervezas son diez veces más felices con su cuerpo que yo«.

El malagueño también confesó que sufrió vigorexia en su adolescencia y aún lucha para no volver a caer. «Tengo espejos en los que me tengo prohibido mirarme con ciertas luces porque sé que me voy a obsesionar. Es una obsesión continua, porque una vez empiezas ya no paras».

«Cuando viajo en moto llevo una maleta con pesas. Y durante la cuarentena me compré un TRX, un banco y más pesas. Gané cinco kilos de músculo, pero al acabar el confinamiento dije a tomar por culo. Tengo una obsesión, pero tampoco soy gilipollas. Ha habido épocas en las que no lo he podido controlar». 

Y eso tenía consecuencias en su día a día; por ejemplo, en el rodaje de La Casa de Papel. «En La casa de papel llegó un momento en el que si me agachaba me reventaba el mono. Me pidieron que parase y yo les decía que vale, pero no paraba. Cuando me decían que estaba más grande yo les respondía que era percepción suya».

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Me aburro..

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Y también llegó al límite en cuanto a la aprobación social; las redes sociales han llegado a ‘controlar’ a su vida hasta que un día dijo basta.

«He tenido momentos de volverme adicto y de levantarme mal si no tenía los likes que quería tener, un día cogí y dije, con todo el cariño de mi corazón: anda y que le den por culo. Mi vida es mi vida y no puedo estar intentando agradar a todo el mundo. No es mi trabajo, no me gusta, no lo disfruto».

Y es que detrás de cada estrella no hay que olvidar que existe una persona que como cualquier otra tiene sus problemas, por muy idealizados que podamos tener a las celebrities. No todo lo que reluce es oro; no todo es fama, dinero y éxito.

¿Qué te ha parecido esta entrevista? ¿Te gustaría que más famosos hablaran sobre estos temas? 

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Fuente: elpais