El bullying es una lacra social que desgraciadamente tienen que soportar muchos niños alrededor del planeta con las duras secuelas que puede ocasionar tanto a corto como a largo plazo. Ya sea física, psicológica, emocional o socialmente, el bullying es una realidad para muchos niños que pueden caer hasta lo más hondo. Ningún niño se merece sufrir este tipo de maltrato y, por desgracia, ningún niño está libre de sufrir acoso actualmente. Ante el bullying, no hay que mirar a otro lado; no es «cosa de niños». Es cosa de todos.

Dicho esto, hoy nos gustaría contaros una historia de un joven que fue víctima del monstruo del bullying y, actualmente, se muestra feliz y orgulloso con su vida.

Jannick Könecke es un joven alemán que a sus 19 años mide nada más ni nada menos que 2,24 metros, y todavía podría crecer más. A los 12 años, ya destacaba por su altura; sus dos metros le hacían el más alto de toda la escuela. Desgraciadamente, tuvo que hacer frente a los comentarios acosadores de sus compañeros.

El acoso era el pan de cada día para Jannick y le llamaban «bebé gigante». Durante tres años, no quiso salir de su habitación y su madre tenía que mandar fuera a los compañeros que iban a su casa a picarle el timbre.

Y es que no ha sido un camino nada fácil. Sumado al bullying que sufría, estaban las dificultades que su altura le comportaba. Su madre tenía que coserle las camisetas y los pantalones para alargarlos, y no tenían los medios suficientes para hacer cambios estructurales en casa; por ejemplo, para hacer la cocina más alta.

Eso les hacía buscar alternativas: su cama está hecha con palets, algo que a él no le molesta en absoluto. «Se ve guay, no quiero nada más«. Además, las actividades que podía hacer eran limitadas; por ejemplo, no podía subirse a las montañas rusas, algo que le entristecía muchísimo.





Ahora, por fin, ha podido salir de ese agujero y se siente a gusto con su cuerpo. «¿Quién la da derecho a los demás a juzgarme?«, se pregunta. Le da igual que le observen y no tiene miedo de salir de su casa; se relaciona con gente, adora ir en bicicleta y se siente muy orgulloso de su altura: «Nunca he deseado ser pequeño«, comenta.

Afortunadamente, ha logrado cumplir uno de sus sueños: sacarse el carné de conducir. Le costó muchísimo encontrar una autoescuela que se adaptara a sus necesidades, pero gracias a una llamada al periódico local lo consiguió.

«Es una gran sensación conseguir el carné de conducir. Es algo que deseaba durante años y por fin lo he conseguido«.





Jannick cumplirá 20 años en agosto y ha podido acabar la secundaria tras haberla tenido que dejar temporalmente. Su sueño es convertirse en carpintero para construir stands de exposición y le gustaría empezar a practicar algún deporte.

«Sueños hay muchos. El fútbol no me fue bien por el tamaño, pero el fútbol americano me gustaría probarlo«. Desde Cabroworld, ¡le deseamos alles Gute für die Zukunft!

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¿Qué os ha parecido la historia de Jannick? 

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Fuente: t.online tonight.de