¿Tenías pensado casarte durante la primera mitad del año? Si la respuesta es afirmativa, lo más probable es que hayas tenido que cambiar por completo los planes de tu boda… y es que el coronavirus nos pilló a todos con los pantalones bajados.

Han sido muchísimas las bodas que, debido a las restricciones impuestas por los gobiernos para poder contener al virus, se han visto aplazadas o, directamente, canceladas. Darse el sí quiero nunca había sido tan difícil y, aunque ya se ha normalizado un poco la cosa, todavía habrá que esperar bastante a poder estar como antes de la pandemia (si es que la cosa no vuelve a empeorar, claro).

En medio de todo esto, hay algunas parejas que han decidido darse el sí quiero de una forma más discreta y austera para no tener que volver a aplazar la boda si la situación se complica.

En esta línea, los protagonistas de nuestra historia de hoy, después de aplazar la boda hasta en dos ocasiones, consiguieron tener una fecha para poder llevarla a cabo: el próximo 18 de julio.

Hasta aquí todo bien… el problema es que, como veréis ahora, casi han tenido que volver a aplazarla por unos problemas que, ahora sí, no tienen nada que ver con el tema del coronavirus. Si algo está claro es que esta pareja no gana para disgustos.

Eva, la novia, se encontraba tomando un café en la terraza de una cafetería en Granada cuando, de repente, los pendientes que iba a llevar en la boda se le resbalaron de las manos, con tan mala suerte que fueron a parar al fondo de una alcantarilla… peor que en una comedia.

Ella, en ese momento, entró en pánico y la gente de su alrededor acudió a socorrerla… pero, como os podréis imaginar, sacar algo tan pequeño de un sitio tan profundo y oscuro no es nada fácil, por lo que tuvieron que llamar a los bomberos de la ciudad para que les echasen una mano.



De repente, bomberos y cuerpos de seguridad se pusieron manos a la obra para recuperarle los pendientes a la desdichada futura casada y que, así pudiese celebrar al fin su tan deseada boda.

Al principio, como relataron fuentes que se encontraban en el momento de los sucesos, los agentes no conseguían dar con los pendientes. La cosa se estaba complicando y los pendientes parecían cada vez más irrecuperables… hasta que llegaron los verdaderos héroes de la jornada.

Los agentes se percataron de que, cerca, había un grupo de obreros que estaban trabajando en una obra muy cerca de esa zona. Tras pedirles ayuda, estos, con unas herramientas mucho más adecuadas para la pesquisa que se debía llevar a cabo, se pusieron manos a la obra… y lo consiguieron.

Después de unos cuantos minutos de nervios y agonía, los profesionales de la construcción consiguieron dar con las escurridizas joyas y contentar así a una mujer que, sinceramente, no tiene la mejor de las suertes.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta aventura digna de Indiana Jones? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: La Vanguardia.