Es cierto que el coronavirus ha afectado a toda la sociedad, pero debemos reconocer que, en lo referido a las residencias, el drama ha sido todavía más intenso. Dada la naturaleza del coronavirus, las personas de mayor edad tenían una mayor probabilidad de sufrir consecuencias mortales… y las residencias, en ese sentido, fueron focos de infección muy, pero que muy delicados.

Además de la evidente desgracia que resulta el fallecimiento de nuestros mayores, las residencias también tuvieron que sufrir un confinamiento muy severo, marcado por la incertidumbre y el miedo a lo que podía ocurrir con la salud de los allí presentes.

Los daños físicos y psicológicos tardarán en recomponerse y, a pesar de que el panorama es bastante desalentador en ese sentido, por suerte, hubo residencias que decidieron emprender estos meses con una buena dosis de sentido del humor que, en muchos casos, ha salvado vidas.

Que la gente mayor de las residencias se mantuviese activa y animada era clave en todo esto… y los protagonistas de nuestra historia de hoy no solo lo consiguieron, sino que se han convertido en todo un ejemplo del que muchas residencias deberían aprender.

Los residentes de la Sydmar Lodge Care Home, en Reino Unido, se han convertido en todo un ejemplo de superación y de ‘pasarlo bien’ gracias a la imaginativa iniciativa que han llevado a cabo durante toda esta cuarentena.

Encontraron el pasatiempo definitivo: fotografiarse imitando algunas de las portadas de algunos de los discos más famosos de la historia de la música… y el resultado no podría ser mejor.

Lo cierto es que en sus obras podemos encontrar de todo y para todo el mundo: desde 21 de Adele, pasando por 1989 de Taylor Swift, Enema Of The State de Blink 182, hasta Bad de Michael Jackson; no podréis decir que no hay dónde elegir.



Este inesperado e improvisado reportaje fotográfico fue todo un éxito desde el primer momento que se compartió en las redes sociales… y lo cierto es que no es para menos.

Robert Speker, coordinador de las actividades del centro implicado, explicó a BBC cómo surgió la idea.

“Tuve esta idea hace un mes. Empecé a hacer las fotos a aquellos residentes que se parecían un poco a los artistas y fui haciendo. El principal objetivo era demostrar que las residencias de ancianos no tienen por qué ser lugares tristes, incluso durante la pandemia”.

Esta residencia entró en su primer día de confinamiento el pasado 12 de marzo, y ha estado cerrada hasta hace muy poco.

Durante todas esas semanas (que sabemos bien que no son pocas), los trabajadores del centro se volcaron por completo con los residentes e hicieron que sus vidas en el encierro fuesen un poco más amenas.

Como habréis podido ver, a las fotografías no les falta detalle, y la entrega de los improvisados modelos es total.

Esta es la prueba de que, con muy pocos recursos y muchas ganas de hacer las cosas bien, podemos conseguir repartir un poco de felicidad que, en momentos como estos, es imprescindible.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta iniciativa? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: La Vanguardia.