Derek Chauvin es, probablemente, la persona más odiada de los Estados Unidos en este momento. Fue ingresado en prisión hace unos días y, en menos de 24 horas, han tenido que trasladarlo por tres prisiones diferentes hasta, finalmente, encontrar una en la que su integridad física no corriese peligro… y es que el asesino de George Floyd ha desatado la mayor ola de protestas raciales desde el asesinato de Martin Luther King hace ya más de 50 años.

A sus 44 años, Chauvin, el hombre que, como quedó registrado en vídeo, presionó con su rodilla el cuello de George hasta su muerte, está acusado de asesinato y homicidio en segundo grado. A pesar de tener una fianza de medio millón de dólares, nadie está dispuesto a pagarlos: hasta su mujer se divorció de él después de todo lo ocurrido.

Pero es que este policía no es nuevo en lo que a cometer ‘irregularidades’ se refiere. En sus casi 20 años de servicio en el Departamento de Policía de Minneapolis, ha acumulado una altísima cantidad de incidentes y reclamaciones que, como ha quedado patente, el propio departamento ignoró… hasta que, ahora, ha ocurrido lo peor.

Para entender mejor el nivel de impunidad que tienen los policías en este departamento (y en muchos otros del país), debemos remontarnos hasta el responsable del sindicato de la policía de Minneapolis, Bob Kroll, quien, actualmente, acumula 29 quejas, tres de las cuales han acabado en acciones disciplinarias en su contra.

Pero es que eso no es todo: este señor, además, tiene un largo historial de quejas por uso excesivo de la fuerza, además de por proferir insultos raciales junto a otros de sus compañeros (uno de los cuales, hoy, es el jefe de la policía… increíble). Después de todo lo ocurrido, lo previsible es que se tomen medidas, pero con el ‘sueño americano’ nunca se sabe.

Vamos a repasar todos los tiroteos en los que se ha visto involucrado Chauvin hasta el sol de hoy. En 2006, mató a tiros a un hombre que, presuntamente, estaba armado (cosa que no se ha podido probar). Un par de años más tarde, disparó y mató a un hombre que, presuntamente, se había visto envuelto en un caso de violencia machista. Tres años más tarde, disparó a otro hombre que, al parecer, huía de un tiroteo. A esto, hay que sumarle el resto de quejas… y, ¿qué han hecho sus superiores a lo largo de estas dos décadas? Elogiarlo.

Teniendo en cuenta todo lo que ha provocado este señor, se le ha tenido que aplicar la figura legal conocida como “segregación administrativa”, dirigida a que el resto de reos no puedan acceder a él, de tal forma que su vida no corra peligro.





Su ahora exmujer, Kellie Chauvin, no ha dudado en hacer un comunicado en el que se muestra ‘rota y devastada’ por lo ocurrido, pidiendo el divorcio de su marido y el cambio de nombre para ‘recuperar’ su apellido.

Kellie, por su parte, no ha tenido una vida nada fácil: de origen laosiano, llegó a ser reina de belleza de Minnesota pero, antes, tuvo que sufrir las penurias de los campos de refugiados de Tailandia y llegó a América junto con su familia buscando una vida mejor.

Ya en los Estados Unidos, fue forzada a casarse según las reglas de la etnia Hmong pero, con el tiempo, se armó de valor para dejar a su abusivo marido y, con sus dos hijos a cuestas, se marchó a Minnesota, donde, tiempo después, conocería a Chauvin, quien acabaría por convertirse en su marido.

La policía de Minneapolis, después de todo lo ocurrido, está siendo observada con lupa y, previsiblemente, estamos ante lo que será una ola de cambios. Solo por tener en cuenta un dato: mientras que solo un 20% de la población de Minneapolis es afroamericana, la policía utiliza hasta siete veces más la fuerza contra la población negra que contra la población blanca.

 





Una última cosa:

Justicia para Floyd.

A vosotros, ¿qué os parece todo esto? ¿Qué pensáis de este momento que estamos viviendo? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: El País.