Quedan pocos días para la final de Supervivientes y la verdad es que los espectadores están que arden ya que, tras los últimos movimientos del programa, lo están acusando de estar engañando a la audiencia y de falsear el reality.

La polémica empezó el domingo pasado durante el debate que presenta Sonsoles Ónega. La posible expulsión de dos de los concursantes con más seguidores de esta edición (Hugo Sierra y Jorge Pérez), quienes tendrán un duelo en la final, ha sido lo que ha dinamitado toda esta situación.

Al principio del programa, los porcentajes de popularidad entre los dos programas estaban muy igualados, pero a medida que iba avanzando esta diferencia se fue acortando hasta prácticamente igualarse. Algo que el público no terminaba de entender.

Obviamente, los seguidores descargaron su rabia e incomprensión en las redes sociales puesto que veían inverosímil que la situación cambiase de forma tan significativa en tan poco tiempo, cosa que avivó las sospechas acerca de la manipulación del programa por parte de la organización.

¿Con qué objetivo? Pues el hecho de que los porcentajes salgan tan ajustados crea una falsa percepción en los espectadores haciéndoles creer que el resultado está muy igualado y, de esta manera, los seguidores del programa votan más para salvar al que no quieren que sea expulsado, algo que se traduce directamente en más ingresos para el programa.

A lo largo del programa se les veía el plumero a los propios colaboradores haciendo que los espectadores todavía sospechasen más con frases como “La cosa está muy reñida y la linchada de Hugo está votando mucho” “la comandancia de la Guardia Civil está que echa humo, y más la de Palencia”.





No es la primera vez que este tipo de sospechas y acusaciones recaen sobre los realities de la cadena y la audiencia lo hizo saber a través de Twitter con comentarios como estos:

No sabemos si toda esta polémica afectará realmente al programa, ya que seguramente todos estemos frente el televisor el 6 de junio para ver la final de Supervivientes, pero deberíamos castigar este tipo de conductas por parte de formatos que, precisamente, deberían poner especial hincapié en la veracidad y naturalidad de lo que vemos en pantalla.

Vosotros, ¿qué opináis? ¿Es un claro caso de «tongo»? Dadnos vuestras opiniones en los comentarios.





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Fuentes: segnorasque