No nos vamos a engañar: Colin Farrell siempre ha sido visto como uno de los ‘chicos malos’ de Hollywood; un irlandés con una cierta propensión a salir de las discotecas en coche haciendo ‘eses’ (cosa que está muy mal, por cierto). Parte de esta imagen de ‘malote’ estaba acentuada por sus múltiples tatuajes… que ahora, por lo visto, han desaparecido por completo. ¿El motivo? Ahora lo veremos.

El actor está a punto de cumplir 44 años y, como parte de su proceso de ser una ‘mejor persona’, ha decidido dejar atrás su antigua imagen, por su bien mental y para ser un buen padre para sus dos hijos.

El actor, que ha sido pillado últimamente en algunas escapadas al supermercado (está pasando la cuarentena en Los Ángeles), muestra una forma física envidiable: él siempre ha estado en forma, pero podemos apreciar que no decae en su estado físico. También notamos que estaba más ‘blanco’ de lo habitual… y es que el actor ya no tiene esos dibujos que, hasta hace poco, adornaban su cuerpo.

A pesar de que, ahora, sus imágenes se hayan viralizado, ya se sabe desde el año pasado que el actor estaba en un proceso para quitarse todos sus tatuajes que, como podemos ver, ha llevado a término con bastante éxito.

«Estaba harto de pasar horas en los sets de rodaje tapándolos con maquillaje. Sólo eso me robaba 45 minutos de sueño todos los días», explicó en una entrevista en 2019. También confesó que los tatuajes ya no le gustaban; que algunos le parecían ‘feos’ y que incluso se ‘avergonzaba’. Bueno, ahora ya no tendrá de qué preocuparse.

El proceso ha sido muy largo ya que, para quitarse un tatuaje, se requiere de un proceso de borrado láser que no es nada barato y que, de hecho, tarda bastante más que el hacerse el tatuaje en sí.





Si echamos un vistazo a las fotos antiguas del actor, podemos ver que no eran pocos los tatuajes que habitaban su cuerpo. Estaba el de una especie de corazón en el brazo, otro pequeño en el pecho, otro maorí en uno de sus hombros, una cruz en su antebrazo izquierdo… vamos, que había procurado que se viese claramente que se había tatuado.

Como puede apreciarse en las imágenes, su proceso está casi finalizado. De hecho, solo le quedan algunas sesiones para quitar la cruz del antebrazo izquierdo y, en principio, estará como nuevo (no sin antes haber pasado por un proceso, largo, caro y, sobre todo, doloroso).

Para quitarse un tatuaje, el proceso es de lo más espectacular: un láser quema nuestra piel y, al cicatrizar, se pierde la tinta que daba forma al tatuaje… cosa que deberéis tener en cuenta a la hora de realizaros uno (que luego vienen las lágrimas).

A vosotros, ¿qué os ha parecido este ‘nuevo Colin’? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: QMD

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