Estamos a punto de cumplir el mes de aislamiento. Estamos a mitad de la cuarta semana y la pregunta es la de siempre: ¿cuántas más quedarán? Por lo datos que vamos teniendo, a pesar de ser cada vez mejores, lo único que podemos prever es que la cosa, como mínimo, se alargará unas cuantas semanas más (me sabe muy mal desanimaros así, de buena mañana).

Nuestro país, lamentablemente, arrastra ya una cifras muy tristes: 13.055 fallecidos. Esto supone una proporción de 28 fallecidos por cada 100.000 habitantes y nos sitúa somo el país con una mayor tasa de fallecimientos por coronavirus del mundo. Los datos respecto a las personas que se recuperan y el decrecimiento de las que se contagian son cada vez más positivos… pero ¿por qué hemos conseguido este doloroso primer lugar en lo que a muertes se refiere? Las causas pueden ser muy diversas.

Ayer lunes, sin ir más lejos, la cifra de fallecidos bajaba hasta los 637 casos, datos que nos llevan hasta el pasado 24 de marzo. Cada vez entran menos pacientes en UCI y, como no podía ser de otra forma, el optimismo empieza a hacerse un lugar en nuestras jornadas. Pero prudencia, que los números suelen ser muy traicioneros.

Somos una población muy envejecida

Este es uno de los principales temas que salieron a colación con la llegada del virus. España es un país con una población muy envejecida que, además, arrastra muchas patologías crónicas. Según afirma a El País Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología:

“También influye cómo se determina la causa de la muerte, si por el virus o por las enfermedades de base que sufría el paciente, lo cual no se está haciendo de forma homogénea en todos los países y esto resta valor las comparaciones”, señala.

¿Deberíamos haber apostado por los test masivos?

José María Martín Moreno, catedrático de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Valencia añade otra asistencial, explica al diario que, en países como Alemania y Corea, apostaron por la realización de test masivos a la población en una etapa muy primaria de la pandemia. Esto habría ayudado a aislar a infectados leves o asintomáticos y, así, evitar en gran medida la propagación de la enfermedad. Según señala el profesor, la falta de inversión en la red de salud pública de los últimos años sería la principal culpable.





La gran densidad de población

En España, las ciudades más afectadas han sido Madrid y Barcelona, las más densamente pobladas de todo el país. Algo parecido pasaba en Italia, donde el norte del país también acumula la mayor densidad de población.

Jesús Rodríguez Baño, jefe de Enfermedades Infecciosas del hospital Virgen Macarena (Sevilla), apunta a que, a falta de estudios que lo confirmen, la gran proximidad social que tenemos a la hora de relacionarnos, sumada a las grandes densidades de población, podrían haber supuesto el caldo de cultivo perfecto para la propagación del virus.

Rodríguez Baño, en sus palabras a El País, matiza que los test masivos no eran fáciles de prever: “Es cierto que con más test y aislamientos se podrían haber cortado las cadenas de transmisión antes de que llegaran a los colectivos más vulnerables. Pero yo quiero ser muy humilde, porque en cierta manera nos equivocamos todos en las primeras fases. Ahora es fácil verlo, pero eso nos debe servir para aprender y estudiar a fondo lo ocurrido”, apunta.

Las residencias de gente mayor

Cuando todo esto acabe, tocará sentarse a analizar qué se podía haber hecho mejor y, sobre todo, el porqué de algunos asuntos tan dramáticos como el de las residencias de gente mayor. A falta de datos más exactos, se calcula que estos centros ya acumulan más de tres mil fallecimientos del total. Focos de coronavirus descontrolados en estos centros que, en muchas ocasiones, se han convertido en verdaderos infiernos.





A vosotros, ¿qué os han parecido estos datos? ¿Qué pensáis de las cifras que se están arrojando estos días? dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: El País.