En un lado de la mesa teníamos a Ana Dubái, una mujer de 38 que se dedica a la asesoría de imagen… aunque ahora no tiene trabajo: «estoy en unas vacaciones indefinidas», confesaba.

«A mí me encanta el lujo: ir a restaurantes, comprarme joyas caras [..] llevar una vida de lujo; plena», reconocía. «A mí me encanta una buena marca», confesaba antes de decir que, incluso, se tatuaría en las muñecas los logos de algunas de las marcas de ropa más caras que existen. «Hasta que no esté ‘invertida entera’, no empezaré a trabajar». En lo referido al amor, ya no iba tan sobrada: «tengo mi corazón medio vacío».

En el otro lado de la mesa íbamos a tener a Romano, un romántico de 53 años: «espero encontrarme a una chica fantástica, llena de vida y de alegría, y que juntos cantemos ‘[cosa indescriptible que, en teoría, era ingles]'».

«Me confunden muchas veces con Raphael, Julio Iglesias, Rafa Nadal, Enrique Iglesias, pero yo soy Romano Aspas», confesaba. En lo referido a las mujeres, buscaba a una ‘dulce y más inteligente que él’: «así puedo aprender de ella», reconocía con humildad.

Las primeras impresiones no fueron del todo negativas. El único inconveniente que encontró Romano por su parte fue su forma de vestir: «no refleja nada de estilo personal, solo una marca como tal. Podría ser un maniquí». Ella, por su parte, tampoco coincidió en el tema de la vestimenta: «cuando lo vi, pensé que era un friki… con esa camisa que llevaba…».

Ya en la mesa, cuando ella le preguntó por su edad, él, de la nada, empezó a cantar como si no hubiera un mañana… y esto es mejor que lo veáis en el vídeo que os dejamos más abajo, porque la cosa es bastante dura, la verdad. Al final, por decimoquinta vez, repitió lo de ‘soy un alien’… esto traería cola.

El tema de la edad también fue un punto bastante conflictivo para ella: «la cara le canta. No diré que tiene setenta, pero cincuenta y largos sí… y eso, para mí, es importante».



La cena estaba yendo a peor, pero lo cierto es que, al menos, se lo estaban tomando con humor. «No era una conversación normal», reconocía ella. Él, por su parte, no paraba de insistir en lo de que ‘era un alien’; tanto era así, que ella ya se estaba poniendo nerviosa.

Ella estaba completamente desconcertada con la cita que estaba teniendo. Buscaba una cosa muy concreta y, lo que se estaba encontrando, no era para nada de su agrado.

Los temas extraños no paraban de surgir y, a cada respuesta, la cita se iba sumergiendo cada vez más en un pozo del que no se podía ya salir.

Llegando al ocaso de la cita, después de la cena, Romano se enfundó un traje de marinero y se subió al escenario para dedicarle una canción… y eso tenéis que verlo vosotros mismos.

Aquí os dejamos el vídeo:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios.

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Fuente: First Dates.