El trabajo nos está costando nuestras relaciones personales. O al menos eso es lo que se desprende de la encuestan realizada en 2018 por Deloitte, en la que el 77% de los encuestados afirmaban que su empleo actual les producía un intenso agotamiento laboral. De ese 77%, un 83% afirmaba que el agotamiento había afectado negativamente a sus relaciones personales, donde se incluían amistades y parejas.

Todo esto se debe a que, con el trabajo, nuestro cuerpo se ve sometido a un estrés excesivo. Al ser continuado en el tiempo, no tenemos oportunidad de recuperarnos, por lo que, a medida que pasan los días, estamos más cansados, tenemos emociones negativas y, sobre todo, rendimos menos en todas las facetas de nuestra vida.

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Sacarnos todo esto antes de atravesar la puerta de nuestra casa es, literalmente, imposible. La vida personal y la vida laboral no se pueden separar con la simple intención de hacerlo. No hay una distinción tan clara entre ambas vidas.

Si laboralmente estás agotado, podrás disfrutar menos de todo lo que te rodea y, de entre todo eso, está tu vida sentimental y la relación con tu pareja. Llegados a ese punto, disfrutar con la persona que amas se vuelve completamente imposible.

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La terapeuta familiar y matrimonial Jennifer Chappell Marsh aseguró al Huffpost que “Las relaciones requieren energía, y las personas con agotamiento laboral sufren fatiga física, psicológica y emocional”.

Cuanta más implicación demande el trabajo, la cosa irá a peor. Ya no se trata solo de pasar muchas horas en el puesto de trabajo; se trata de si, por ejemplo, tenemos que viajar de forma regular. Esto puede llegar a ser verdaderamente erosivo para todas las facetas de nuestra existencia.

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Pasar muchas horas en la oficina (o en el que sea nuestro puesto de trabajo), puede llevarnos a pensar que, cuando lleguemos a casa, nos relajaremos y pasaremos horas con nuestra pareja, mirando series en Netflix… pero la realidad es muy diferente.





La realidad es que, cuando se está en ese punto de agotamiento, es muy complicado desconectar, y nos volvemos malhumorados, irritables, apáticos e irascibles; nos cuesta conciliar algo de paz con nuestro alrededor y, por tanto, nos volvemos una compañía bastante poco recomendable.

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¿Se puede hacer algo para solucionar todo esto? Lo cierto es que sí, pero no es tan fácil como parece.

Lo primero de todo es ser conscientes de que nuestra pareja no nos puede leer la mente. No podemos dar por hecho que sabe en todo momento lo que estamos pensando y que, por tanto, debemos hacer un ejercicio de transparencia y verbalizar más nuestros sentimientos.

Otra cosa que podemos hacer es encontrar alternativas de entretenimiento y, sobre todo, centrarnos en aquellas que sean más adecuadas. Si entras a currar temprano, no te vayas de fiesta. Puedes ir al cine o al teatro, incluso apuntarte a clases de baile. Te desahogarás y estarás tiempo con tu pareja, y al día siguiente no querrás saltar de un puente.

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Interésate por tu pareja. Cuando estamos mal, acostumbramos a pensar que solo importa lo que nos pase a nosotros… pero esto no es así. Nuestra pareja, probablemente, también tiene sus trabajos y sus problemas, por lo que recordad aquello de que, cualquier peso, compartido, es más fácil de transportar.





A vosotros, ¿qué os ha parecido todo este asunto? ¿os pasa lo mismo? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: El Huffpost.