Luciana, hoy, tiene 36 años pero, cuando tenía apenas 8 meses de vida, fue entregada en adopción por su madre a unos vecinos. Al parecer, ella no tenía otro remedio y tuvo que darla en adopción. La niña fue creciendo con total normalidad hasta que, cuando tenía 9 años, se enteró de que era adoptada.

Aproximadamente un par de años más tarde, Luciana conoció a su madre biológica. Ella le explicó que, por culpa de su economía, no había podido hacerse cargo de ella. También le explicó que, un par de años después de tenerla a ella, tuvo también a otra niña a la que también dio en adopción. Por si eso era poco, en ese momento, también conoció al que era su hermano mayor, el cual sí había crecido con su madre.

Ambas siguieron teniendo un cierto contacto, pero la madre biológica le confesó que no podía hacerse cargo de ella todavía. Luciana, por su parte, estaba muy feliz con sus padres adoptivos y, de hecho, afirmó que ‘nunca los dejaría’.

Luciana siguió con su vida y, con los años, se convirtió en enfermera. En una de sus intensas jornadas laborales, una paciente le dijo, de forma algo insistente, que «se parecía mucho a su hija pequeña».

Ella no le hacía mucho caso, pero lo cierto es que el paciente se mostraba cada vez más sorprendido con el gran parecido que veía entre las dos mujeres. Al final, la curiosidad acabó por acudir a la mente de Luciana y se puso a indagar un poco en este asunto.

Lo primero que descubrió es que la paciente había adoptado a esa niña. Según le contó, la madre biológica era una mujer que, al ver que no podía mantener a la niña, decidió darla a una familia que sí pudiese.

Ellas vivían en la localidad de Sao Paulo llamada Cachoeira Paulista… ¿sabéis qué ciudad es esa? Pues la misma a la que se fue a vivir la madre de Luciana después de darla en adopción. En este punto, las pistas apuntaban en una dirección clara y Luciana no lo dudo: «ella es mi hermana», se dijo a sí misma.



Esta paciente acabó por recibir el alta, momento en el que decidieron concertar una cita para Luciana conociese a Lucilene, que es cómo se llamaba la otra chica. Según confesó a la BBC la protagonista de nuestra historia, cuando la vio, supo que era su hermana: «Me vi en ella cuando la miré. Tenemos características muy similares: la forma de hablar, la sonrisa y los mismos gustos. Nos abrazamos. Fue muy emocionante», reconocía.

Después de este encuentro, las dos hermanas han mantenido el contacto y, en la medida de lo posible, han intentado recuperar el tiempo perdido (cosa que es imposible, pero ya nos entendéis).

Luciana intentó que Lucilene también se encontrase con su madre biológica, pero su hermana pequeña le dijo que nunca la perdonaría, por lo que ese es un episodio de su historia que, al menos de momento, queda por cerrar.

A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta historia? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: 20 minutos.