Los fraudes por correo electrónico no han desaparecido de nuestras vidas. Es verdad que muchos pensamos que esto se había extinguido al acabar la primera década de los 2000… pero no. Como bien comprobaréis hoy, este tipo de fraudes está completamente vivo… y la gracia radica en saber lidiar con ellos.

En plano 2019, los fraudes por correo electrónico se siguen utilizando; siguen siendo una forma ‘válida’ de engañar a la gente por parte de los estafadores. En la mayoría de ocasiones, este tipo de estafas van dirigidas a la gente mayor, la cual, por lo general, no está tan informada y formada en el mundo de las nuevas tecnologías.

Pero, por suerte para nosotros, de vez en cuando, surge una persona como el protagonista de nuestra historia de hoy; un hombre que, siendo más listo que el estafador, decide impartir un poco de justicia poética.

En esta ocasión, el estafador intentó tomarle el pelo a un joven que, en un giro inesperado de los acontecimientos, acabó por estafar él al estafador y, para que no hubiese ningún tipo de duda respecto a su honradez, decidió donar ese dinero a la caridad.

Ross Walsh es un chico irlandés de 22 años que, una buena mañana, recibió un correo electrónico a nombre de un tal ‘Salomon Gundi’ en el que se le proponía lo que, supuestamente, era una ‘oportunidad de negocio imperdible’. Salomon le afirmaba que nadie podría negarse a ella… pero es que Ross no era ningún tonto: lo estaban intentando estafar.

Lo primero que le pidió Solomon es que era necesario que le ingresase 1000 dólares para que este le pudiese ceder la mitad de la compañía. Esto, evidentemente, no tenía ni pies ni cabeza, por lo que Ross se puso manos a la obra.

Le devolvió un correo en el que le explicaba que, para él, solo 1000 dólares eran un insulto y que él lo hacía todo ‘a lo grande’, por lo que estaba dispuesto a contribuir con hasta 50.000 dólares ya que era un ‘hombre de negocios muy entusiasta’.



Para reforzar su venganza, Ross adjuntó al correo una imagen modificada con photoshop en la que simulaba una transferencia de 50.000 dólares a la cuenta de Solomon.

Cuando el estafador volvió a escribir diciendo que no recibía el dinero, fue cuando a Ross le tocó ‘rematar’ su jugada.

Le envió un nuevo correo en el que le explicaba que su banco detuvo la transacción por ser ‘demasiado grande’ y, por tanto, sospechosa. Le explicó a Solomon que, si quería recibir el dinero, tenía que ingresar unas 25 libras (30 dólares) para poder ‘descongelar la operación’.

¿Qué fue lo que hizo Solomon? ¿Detectar, como buen hombre de negocios, que era una estafa? Pues no. Depositó corriendo las 25 libras que el bueno de Ross le había pedido… siendo estafado por la persona a la que él pretendía estafar.

Ross, por supuesto, no se quedó con el dinero que acababa de ‘estafar’ a Solomon. Cogió las 25 libras y las donó a la caridad, a una institución dedicada al apoyo de los jóvenes víctimas del cáncer en Irlanda. ¿Cómo rematar esta jugada? Ross mandó el recibo de la donación a Solomon. Una obra maestra.

A vosotros, ¿qué os ha parecido toda esta historia? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: La guía del varón.