En un lado de la mesa teníamos a Rocío, una dependienta barcelonesa de 28 años que se definía como una persona ‘abierta y alegre’: «me encanta hacer cosas, nuevas, experimentar y soy muy cariñosa», explicaba.

En lo referido al amor, la cosa le había iba relativamente bien: «tuve una relación larga y tengo una hija». Pero confesaba que ya habían pasado más de dos años y que todas las heridas estaban curadas. En lo referido a lo que buscaba en un chico, destacaba como muy importante la personalidad por encima del físico: «pero tiene que tener una bonita sonrisa».

Ella se definía como una mujer pasional y, por lo que se desprendía de su actitud, tenía una actitud tremendamente abierta a conocer a la otra persona, llena de ilusión y optimismo.

En el otro lado de la mesa, en teoría, íbamos a tener a José María, un sevillano de 29 años que se definía como ‘un cachondo’: «me gusta mucho el cachondeo […] Soy bastante maduro y me gustan las cosas claras», confesaba.

Para él, ‘el físico era muy importante’: «es como si en tu casa tú quieres comer jamón… y te ponen lentejas, al final, vas a casa de otra persona», declaraba. Y es que esto, teniendo en cuenta lo que pasó luego, debemos tenerlo muy presente.

La cita, en un primer momento, parecía que iba a empezar con una cierta normalidad ya que, a pesar de que a él se le notaba un poco tenso, empezaron a hablar con una cierta cordialidad… pero no.

Hechas las presentaciones, José María decidió que ya había mirado suficiente a su cita y apartó la mirada hacia cualquier otro sitio en el que ella no estuviese… generando así un momento de lo más incómodo.





Viendo que la cosa se estaba poniendo bastante tensa, el bueno de Carlos Sobera se acercó a la barra para intentar romper un poco el hielo que se había formado entre los dos.

Carlos le preguntó a José María ‘qué estaba pasando’… y él lo soltó sin ningún tipo de paliativo: «sinceramente, no me gusta», soltó. Sobera no pudo aguantarse y le soltó «¿así empezamos la noche?», pero José María lo tenía muy claro: «a lo mejor con ella, como amiga, sería un escándalo, pero tenerla como pareja… pues no».

Dicho esto, José María decidió volver por donde había venido y abandonar el restaurante sin siquiera despedirse de ella. Carlos, viendo lo que estaba pasando, le recriminó su actitud: «¿y este tipo de reacciones?», a lo que él solo alcanzó a responder «no es mi prototipo».

Ella, por su parte, no podía creerse lo que le estaba pasando: «yo no soy tan maleducada, ¿sabes?». Dicho esto, Sobera le dio un fuerte abrazo y le dijo que la esperaba pronto de nuevo en el restaurante para presentarle a otra persona.

A vosotros, ¿qué os ha parecido la reacción de José María? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: First Dates.

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