En un lado de la mesa teníamos a Julián, un mecánico valenciano de 24 años con mucha seguridad en sí mismo: «me considero cariñoso, detallista y me gusta hacer sentir bien a la otra parte». En lo referido al amor, no había tenido mucha suerte: «no me ha ido muy bien. No querían lo mismo que yo quería con ellas y me han estado mareando».

En el otro lado de la mesa teníamos a Belén, una estudiante valenciana de 19 años: «de primeras puedo ser muy simpática, pero la confianza da asco y, con el tiempo puedo ser un poco borde».

La primera impresión, al menos para él, fue de lo más positiva: «la chica está muy bien: guapa, buen cuerpo y el pelo también está muy bien». Ella, por su parte, parecía también predispuesta a conocerlo… pero aquí la prueba de fuego era la cena y esta iba a estar movidita.

El primer tema de la mesa fue muy directo: el de las relaciones. Ella confesó ‘haber tenido muy pocas y muy cortas’ ya que, según ella, ‘antes tenía 10 kilos más’ y, según ella cree, ello la hacía menos atractiva: «no llamaba la atención a nadie».

Él, de forma algo insistente, seguía interrogándola respecto a sus ‘rolletes’. Le pregunto cuál había sido el último y llegó a comentar, a raíz de las respuestas de ella le daba, que se notaba que ‘cuando salía, se desfasaba’.

El primer punto de desencuentro fue cuando él le insinuó que, si estabas saliendo con alguien, ‘ya no podías salir de fiesta como lo hacías antes’… y ella no podía estar menos de acuerdo con esta afirmación: «si estás evolucionando con esa persona, tenéis cosas en común y ella también sale y tal, no tienes motivos para dejar de salir».





Él, entonces, soltó la primera ‘perla’ de la noche: «no puedes desfasar, porque entonces pasa lo que pasa… piensa que hay mucho puterío». Ella, algo desconcertada, solo añadió que era ‘muy liberal’.

«Si tú quieres a una persona la quieres libre, ¿no?», exponía ella, a lo que él respondía: «hasta cierto punto»… pero seguía: «tú cuando quieres a alguien que sea solo para ti, pues a mí no me haría gracia…». Ella, con atino, le respondió «eso me parece algo muy egoísta y posesivo». La tensión en el aire podía cortarse con una tijera.

Más adelante en la cena, ella comentó que estaba intentando irse a vivir sola, a lo que él añadió: «quieres montarte un picadero, ¿no?». Ella, sorprendida por el comentario, le dijo que no se trataba de eso… pero él ya había sacado sus propias conclusiones: «después de lo que me has contado no te creo».

«Las tías sois muy malas, entre vosotras sois asquerosas. Vais de amiguitas y luego  por la espalda…», fue otra de sus ‘perlas’. «¿Con cuántos tíos has estado?», le preguntó él y, cuando ella le respondió que con unas cinco personas, él ya tenía preparada otra de sus repugnantes frases: «eres una pajarilla, eh. Tienes cara de niña buena, pero luego eres una diablilla, una pecadora».

Lo mejor es que el resto de la cita lo veáis vosotros:





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Fuente: First Dates.