En un lado de la mesa teníamos a Noelia, una joven de 20 años con unos gustos de lo más concretos: «a mí me gustan los chavales de barrio, que tengan su toque ‘pijito’ pero que, a la vez, sean un poco chulitos», explicaba en su presentación.

La imagen que tenía de sí misma , por otro lado, era bastante menos concreta: «me considero una persona simpática y un poco indecisa»… y es que, como bien veréis en la cita, la chica parecía bastante nerviosa. Después, vendría una frase que condicionaría el resultado de esta cita por completo… aunque ella no lo sabía: «soy celosa hasta el punto de mirarle el móvil, no por nada, sino para sentirme más confiada, conmigo misma y con mi pareja», confesaba.

En el otro lado de la mesa teníamos a Albert, un Dj de 24 años con unos gustos que no daban lugar a la imaginación: «A mí me gustaría encontrar una chica que fuera un pibón. Que cuando fueras por la calle te cogiera tortícolis de girar el cuello».

El primer encuentro, como podía parecer previsible, fue bastante positivo para los dos: «al ver a Noelia, me ha impactado su físico, así delgadita. Me ha gustado la verdad», confesaba Albert. Ella, por su parte, estaba en la misma línea: «me han gustado mucho sus ojos, que los tenga así, claritos. También me gusta su sonrisa y que es simpático; también su pelo y su forma de vestir».

La cita empezó bastante bien y, desde el principio, se mostraron bastante compatibles. Y coincidieron, en gran parte, en su gusto por la fiesta. El tema del físico, desde el principio, fue algo que los unió bastante: «su forma de mirarme me excita», reconocía Noelia.

Todo iba rodado… hasta que llegaron al tema de los celos. Él le preguntó si era celosa… y ello no dudó un segundo en reconocerlo que sí… y él, por su parte, en reconocer que no.

Aquí chocaron de frente como dos trenes de mercancía.





Ella, por ejemplo, no veía bien saludar a los amigos y decirles cosas como ‘amor’ o ‘bebé’ y él, justamente eso, es lo que hacía con sus amigas: «sé diferenciar entre amigas y no amigas», se defendía él. «Soy así, soy cariñoso», reconocía.

«Yo no puedo soportar que trate con cariño a sus amigas, es que no. No puedes llamar ‘mi amor’ a tu amiga cuando se lo estás llamando también a tu pareja», explicaba Noelia en el confesionario.

Pero la cita avanzó y la cosa se recompuso un poco, hasta el punto de que, al final, aceptaron irse al reservado del restaurante. Ahí, sometiéndose a los juegos de la ‘Máquina del amor’, acabaron por besarse de forma muy, pero que muy apasionada… pero, cuando tocó decidirse, Albert dijo que no por el motivo que ya os hemos adelantado: no quería a alguien celoso.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? ¿Creéis que Albert le tenía que haber dado una segunda oportunidad a Noelia? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: First Dates.

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