En un lado de la mesa teníamos a Laura, una ‘artista técnica’ de 19 años con una filosofía de vida muy clara: «vivir el presente y no esperar al futuro». Y es que, según ella: «si te centras en el futuro, estarás estresado toda tu vida… simplemente, deja que las cosas pasen»… y, la verdad, no le vamos a quitar razón.

En el lado del amor, la cosa no le había ido demasiado bien. Había tenido dos relaciones anteriores de dos años cada una… y la cosa había acabado muy mal: «yo disfruto del amor de una forma única y pasional». También confesaba ser una amante de las relaciones abiertas (del poliamor, vamos).

En el otro lado de la mesa íbamos a tener a Iker, un estudiante de 21 años que se definía como una persona ‘optimista y alegre’: «Siempre me gustan las risas». Su primera impresión al conocer a Laura fue de lo más positiva: «es muy guapa, en general. Encaja con mis gustos físicos».

La cita, al principio, empezó bastante bien… al menos en apariencia, ya que ambos comentaban con bastante buen humor lo que estaba ocurriendo. Pero entonces ella, en el confesionario, reconoció que buscaba a alguien con ‘más iniciativa’ y que no fuese ‘tan cerrado’.

El tema del poliamor no tardó en llegar y, ante eso, Iker se mostró un poco indeciso. Ante su poco convencimiento respecto a esto, Laura intentó convencerlo de lo contrario. Finalmente, Iker reconoció que ‘no estaba del todo de acuerdo’, pero reconocía que lo veía como ‘un buen punto’: «Yo estaría dispuesto a probar el poliamor por amor, porque es un mundo más que no tiene nada de malo».

La cosa se empezó a torcer con el tema de la cantidad de relaciones que tendrían a la semana. Ella, por su parte, reconocía que ‘follaría cada día’ e iker, por su parte, afirmaba ‘conformarse con cinco a la semana’…. y Laura no estaba convencida: «¿Después de haber estado sin follar dos años follarías dos veces a la semana? Creo que necesitas pillar primero el ritmo».

Y es que, mientras que ella se mostraba de lo más abierta con el tema de la sexualidad, él estaba claramente cortado… aunque él no lo veía así: «La cita ha ido muy bien, muy divertida. He aprendido bastante de esta experiencia. Ahora tengo más confianza a la hora de hablar con una mujer en estas ocasiones. Hoy he sido yo mismo».





Él, por su parte, aceptó tener una segunda cita (cosa que estaba bastante cantada), pero ella, por su parte, reconoció que buscaba a alguien ‘menos tímido’… y le soltó la bomba: «me gustan las dentaduras perfectas, y la tuya no es la mejor del mundo».

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente. First Dates.

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