Somos víctimas de nuestro contexto. Hoy en día, la mayoría de nosotros vive en las grandes ciudades… y ello comporta muchísimas implicaciones. Ya no es solo que estamos constantemente sometidos a la contaminación de los vehículos, o a las ofertas de los grandes centros comerciales; es que nuestro cerebro se adapta a ese contexto de asfalto y grandes bloques de hormigón.

Vivimos en lo que podría denominarse una ‘jungla urbana’ en la que los animales salvajes van a cuatro ruedas, y las lianas son el cableado del wifi. Esto tiene implicaciones como que, poco a poco, hemos ido priorizando, a nivel visual, la visión de aquellos elementos que tienen que ver con las ciudades, en detrimento a aquellos provenientes de la naturaleza.

Esto es algo que una serie de investigadores han decidido poner a prueba… de una forma de lo más peculiar. Para ello, fusionaron imágenes de seres vivos con algunas piezas de mobiliario urbano.

Esta ficha la enseñaron a varias decenas de personas, de entre las cuales algunas vivían en la ciudad y, otras, en el campo. El resultado fue bastante previsible: aquellos que vivían en la gran ciudad identificaban antes el mobiliario urbano, viendo a los animales en un segundo plano, muy de fondo. Los resultados finales se han publicado recientemente en « Proceedings of the Royal Society B».

Los investigadores de la Universidad de Londres decidieron partir de una prem

isa muy sencilla: animales u objetos. En la ficha, que encontraréis más abajo, podréis encontrar objetos como bicicletas, ordenadores portátiles y bancos, cosas de nuestro día a día.

En lo que corresponde a los animales, escogieron a especies tales como caballos o rinocerontes. El efecto que se producía en la imagen en cuestión era el de la ‘fusión’ de ambos elementos.

Aquí os dejamos la imagen:




La prueba era sencilla y, a medida que los voluntarios iban viendo las imágenes, debían clasificarlas en si lo que veían era a un animal grande o pequeño, o un objeto hecho por el hombre grande o pequeño.

El resultado es que la mayoría de los participantes mostraron un sesgo evidente hacia aquellos objetos creados por el hombre, sobre todo si estos eran grandes. Pero es que esta prueba sirvió también para ver cuánto había que ampliar la imagen ‘no vista’ para que, finalmente, fuese mejor percibida.

La conclusión es de lo más evidente y es que la percepción que tenemos de las cosas está influida por nuestro contexto. Si estamos expuestos a menos ‘objetos naturales’, lo más habitual es que estos ‘pasen desapercibidos’ ante nuestros ojos… y nos centremos más en la Apple Store de nuestro centro comercial favorito. Bienvenidos a la vida moderna.




A vosotros, ¿qué os ha parecido este ‘examen visual’? ¿Que es lo que, predominantemente, habéis visto? Dejádnoslo en los comentarios. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño).

Fuente: ABC.