En un lado de la mesa teníamos a Marta, una camarera bilbaína de 27 años con una personalidad de lo más marcada: «Yo canto en el bar cuando mi jefe me deja. Canto la Pantoja y lo que haga falta… y me aplauden encima», confesaba. Pero ahora venía lo más importante: «soy vegetariana y animalista. A un tío que le vaya el maltrato animal… nunca. Ni toreros ni nada de eso», y es que, como ya veréis, este factor condicionó toda la cita.

En lo referido a lo que buscaba en una pareja, también lo tenía bastante claro: «si aparece un chico en mi vida, tiene que llevarme aquí (por todo lo alto, vamos). Por mis santos cojones», reconoció. «Me gustan los chicos morenos y, por lo general, mis parejas siempre han sido mayores»… ¿estaría su cita a la altura de tantas exigencias?

En el otro lado de la mesa íbamos a tener a Alejandro, un Dj de 25 años que se definía a sí mismo como ‘El Rey de las Raves’. «una rave es un movimiento cultural en el que se reivindica la libertad de expresión. Mi sueño es poder viajar por el mundo en una furgoneta ‘camperizada'».

La cita, en un primer momento, daba señales de haber empezado bastante bien. Estaban hablando con bastante cordialidad, aunque ella tenía una pega: «tiene el pelo muy engominado. Que se peine más que yo… no», admitía ella en el confesionario.

Ya en la mesa, la cosa no iba ni demasiado bien… ni demasiado mal. El tema de la música fue un poco convulso: a él le gustaba la música electrónica y a ella nada. Y es que marta tenía una imagen muy diferente de las raves que distaba bastante de la que tenía Alejandro: «para mí es gente que ya va hasta el culo, en cuatro metros cuadrados, con música a tope, y que lo petan; tal cual. A mí eso no me va»… pero es que, al parecer, Alejandro no bebía nada ahí: «yo dejé de beber cuando empecé a ir a las raves».

La cosa iba avanzando a trompicones y lo cierto es que, cuando la conversación sobre ‘la música’ llegó al final, la cosa ya pintaba regular para ambos. Pero entonces llegó el tema del vegetarianismo… y la cosa ya se acabó de ir al garete.

Llegaron los segundos platos y el de él, como no, llevaba carne, cosa que a ella no le gustó nada: «muy mal, cómete el jengibre y deja la carne». Pero él no se lo tomo mal: «si ella es vegetariana, no tiene por qué haber problema. Se pueden complementar».

Y fue entonces cuando llegó EL MOMENTO.

Ella le preguntó si le gustaban los animales y, al él responder que ‘le encantaban’, ella le preguntó con muy poca simpatía: «entonces, ¿por qué te los comes?»… ouch. Pero ella, a pesar de ver la incomodidad que había generado en Alejandro, seguía: «¿tú te comerías a tu perra? ¿verdad que no?», y él, como podía, iba sorteando la situación.

El final de la cita era bastante predecible… pero, igualmente, vale la pena que lo veáis:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño).

Fuente: Cuatro.