En un lado de la mesa teníamos a Laura, una joven de 18 años, estudiante de tanatopraxia, con una seguridad en sí misma arrolladora: «todo lo que me pasa por la cabeza lo hago. Esto hace que no tenga vergüenza, y me hace hacer cosas de las que luego me arrepiento… pero me gusta ser  así», confesaba entre risas.

Hablando de su estilo, la joven se definía como ‘diferente’: «algunas veces me han confundido con un chico. De fiesta, me han llegado a preguntar si era un drag queen», reconocía Laura. Y, en lo referido a la persona que buscaba, quería que no fuese ‘paradita’: «soy muy activa y, estar con una persona para es como: ‘me aburro'»… ¿estaría su cita a la altura de las exigencias?

En el otro lado de la mesa íbamos a tener a Christopher, un productor audiovisual de 23 años que, al parecer, también tenía una gran personalidad: «en mi tiempo libre me dedico a grabar videoclips, porque tengo una discográfica con unos amigos. También me dedico a grabar un poco de cine para adultos y publicidad para empresas». Vamos, que el chaval está bastante ocupado.

La primera impresión de él fue de lo más positiva… pero la de ella… estaba completamente en las antípodas: «físicamente no me llama nada la atención». La cosa, por lo que podéis ver, estaba condenada desde el principio.

Ya en la mesa, él mostraba la mejor de las actitudes: «Va, cuéntame cosas aleatorias de ti», pero es que ella no estaba nada receptiva: «Tengo una rata, es calva y se llama Otto», todo esto acompañado con una cara de muy pocos amigos (que no estaba cómoda, vamos).

En ese momento él le explica que ‘yo he tenido muchos gatos’, a lo que ella responde «y se comen a las ratas. Juegan con ellas y las matan. No me caen bien los gatos»… mucha, pero que muchísima tensión.

Christopher empezó a explicarle todas las cosas a las que se dedicaba, pero ella no se creía nada de lo que le decía: «este hace vídeos del Fortnite, no hace vídeos para adultos». Él, por su parte y según revelaba en el confesionario, estaba encantado con ella: «tiene una personalidad fuerte y a mí eso siempre me ha llamado mucho».

Hay que reconocer también que hubo un momento de lo más gracioso… por llamarlo de alguna forma. Él le contó que, hacía años, un coche lo había atropellado y había estado clínicamente muerto durante tres minutos, a lo que ella le respondió: «Oye, pues te podía haber embalsamado», haciendo que los dos se riesen. Pero bueno, que ella, ya en el confesionario, decía que él lo que pretendía era ‘darle lástima’.

Laura estaba sumida en la más completa negación a su pareja. Desde quitarle importancia a todo lo que explicaba Christopher, hasta alarmarse por un pequeño perdigón de comida que le salió al chaval: «no puede ser, cambiarme la cita. Me iba a ir a la mesa de al lado».

Llegados a este punto, la cosa ya estaba bastante clara… pero lo mejor es que lo veáis vosotros mismos. Aquí os dejamos el vídeo con la cita íntegra:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: Cuatro.