En un lado de la mesa teníamos a Andrea, una auxiliar de enfermería de 22 años que tenía una imagen muy clara de sí misma: «Soy un torbellino. O caigo muy bien o caigo muy mal, y eso a mí me encanta. Para bien o para mal, hablan de mí». En lo referido a lo que ella buscaba en una pareja: «El físico te tiene que gustar, pero también su personalidad, la forma en la que percibe las cosas». Y es que esta chica, como ya veréis, iba a dar bastante ‘juego’.

En el otro lado de la mesa teníamos a Ángel, un cocinero de 27 años, uno de los aspirantes más optimistas que hemos visto en el programa: «nunca me vas a ver enfadado. Siempre consigo sacarle el lado positivo a las cosas, aunque sea negativo».

La primera impresión, a pesar de que para él fue positivo: «es guapilla la chica», para ella no podía ser más negativa: «no me ha gustado nada su aspecto físico, ni su forma de vestir, ni nada. No había por donde cogerlo… es un cani».

Eso sí: hay que decir que, al menos al principio, la conversación entre los dos era más o menos fluida y, como mínimo, era cordial… bueno, al menos hasta que tocó hablar de los tatuajes. Ambos se revelaron como dos amantes del noble arte de pintarse la piel, pero ella tenía su una opinión más para añadir:

«Llevas ahí un leoncillo to’ cani no. Eso te lo hiciste con dieciséis años, ¿no?»… y lo cierto es que no: se lo había hecho el mes anterior. «¿Hace poco? ¿Y te haces eso?». Y es que ella no pensaba cortarse ni un pelo: «Eso es algo que te haces con dieciséis años y te arrepientes toda la vida». Él, en un intento de conciliar las cosa, destacó que ‘al menos a los dos les gustaban los tatuajes’… pero ella no pensaba ceder un ápice: «es horrible».

Y es que gran parte de la conversación fue por ahí: ella no paraba de llamarlo cani y él intentaba salir como podía del barrizal en el que se estaba metiendo. Cuando, al fin, pudieron dejar de lado la conversación de los tatuajes, pasaron al tema de las relaciones pasada… y la cosa no fue a mejor.

Ella le preguntó cuál había sido su relación más larga… y él le dijo que apenas si llegaba a los tres meses. Ella no solo se rio sino que, en el confesionario, especuló sobre el posible motivo: «Es verdad que físicamente no es agraciado y entiendo que una chica no quiera estar con un chico feo. Me da la sensación de que es un ‘viva la vida’ y un ‘pichabrava'».





Pero es que, llegados a ese punto, la cosa no podía ir a peor. Ella estaba en un modo completamente ‘destructivo’…

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? ¿Creéis que ella se ha pasado con sus afirmaciones? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: Cuatro.

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