En un lado de la mesa teníamos a Izaskun, una donostiarra de 32 años que se gana la vida como camarera y que busca compartirla con alguien muy especial: «Soy una chica luchadora, trabajadora, estudiosa e intento hacer un poco todo y criar a mi hija». En lo referido al mundo del amor, no había tenido mucha suerte: «fui madre a los 23 años y la verdad no quería. Pero surgió y bueno». Una de las condiciones que ponía a su posible futura pareja es ‘que no fuese gordo’: «sudan y no me gusta. Supongo que es porque yo he sido gorda», declaraba entre risas.

En el otro lado de la mesa teníamos a David, un zaragozano de 32 años que había entregado su vida al ejército: «me considero militar de vocación», confesaba, «llevo ya bastantes años, pero tengo otras metas»… ¿cuáles serán estas?

Las primeras impresiones, al menos por parte de él, fueron bastante buenas: «me ha parecido una chica muy atractiva, me ha sorprendido bastante porque me esperaba bastante menos», confesaba David.

Pero es que lo que más le llamó la atención a él fue otra cosa algo… diferente: «La verdad es que ha venido con un escote muy generoso y se me iban los ojos. Era muy difícil no mirarla», reconocía el militar.

La cita, a pesar de que no iba mal, tampoco era la velada más animada que se ha visto a lo largo de la historia de este programa. Ambos coincidían en algunos aspectos menores, pero se notaba que había algo que no acababa de encajar. Pero entonces llegó el tema de los trabajos y la cosa se torció bastante.

Ella, por su parte, explicó que se dedicaba al mundo de la hostelería, pero cuando él le confesó su profesión en el ejército… Izaskun no se lo tomó demasiado bien: «Soy un poco antipolítica y, en el tema de ámbito político, soy un poco más tirando a ‘vasquita’. Es un poco buff«, reconocía ella en el confesionario. Pero la cosa no acabaría aquí.

Luego salió el tema de que David quería estudiar psicología y, al parecer, Izaskun no tenía demasiada buena experiencia con los psicólogos: «Yo fui al psicólogo por el tema de mi hija. Te ves así como ¿y yo tengo que contarte mi vida? Te dicen unos consejos y te vas». Él, más que tomárselo mal, se lo tomó por la mejor parte: «es una chica que ha mostrado su momento de vulnerabilidad y ha aceptado que necesitaba ayuda».





Pero es que él también había tenido sus bajones a nivel mental: «Fui al psiquiatra. Era una persona que se guardaba los problemas. Tenía mucho estrés y me acumulaba hasta que la pelota dijo ‘basta’. Mi mayor miedo es perder la cabeza», reconocía David.

Pero ella no tenía miedo a eso: «Yo tengo miedo al futuro de mi hija. Yo la cabeza la puedo perder en miles de momentos, pero luego tienes que saber ser autosuficiente y saber colocarte».

Cuando él le dijo que tenía miedo a tener alzheimer, ella le soltó ‘la perla’ de la noche: «Eso es inevitable. Come nueces».

Llegados a ese punto y a pesar de que David parecía bastante a gusto con ella, Izaskun no parecía demasiado convencida: «Me esperaba a alguien un poco más macarrilla».

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