Normalmente entráis a estos artículos de First Dates dispuestos a que os contemos una historia más o menos alegre, pero siempre sobre el amor. Hoy no va a ser así.

Y es que en el programa que hoy vamos a comentar hubo un giro nada más empezar la cita que lo convirtió todo en uno de estos thrillers incómodos al más puro estilo de «Get Out» (Déjame Salir). O al menos el título seguro que se le pasó en más de una ocasión por la cabeza a Sonia, la pobre chica que tuvo que aguantar el mal rato (y sin gritar de horror ni nada, su valentía será recordada).

El comienzo de una cita siempre es clave, según muchos estudios, no tardamos ni seis minutos en tener una primera impresión sobre una persona, y esta siempre se vuelve muy difícil de mejorar, pero increíblemente fácil de mandar al fondo de la lista de las últimas personas con las que saldrías.

Por un lado, tenemos a Mikel, el energúmeno del día. Que no hemos encontrado ni una sola vez en toda la cita en el que haya abierto la boca sin soltar una barbaridad por ella. Empezando por juzgar el físico de su compañera e intentar arreglar el comentario embarrándose hasta el cuello.

«Está gordita… pero no pasa nada, así los bebés crecerán sanos, tendrán mucho para alimentarse».

Sonia empezó su cita intentando ver los puntos buenos de su acompañante, para intentar aprovechar al máximo la experiencia, demostrando que es una chica agradable y educada. Pero Mikel se encargó personalmente de no ponérselo fácil: Desde preguntarle por su peso, a su sexualidad con una alegoría de lo más cansina, confusa y casposa, especialmente para la hora de la cena.

«Y en el tema chicas… ¿Solo es carne? ¿Te gustan las chicas también? ¿O solo chicos?»

A grandes términos, el montador de Barcelona se esforzó a lo grande en conseguir la que probablemente ha sido la cita más difícil de ver al completo en la historia del programa. Además de dejar más que claro que por si fuera poco con su forma de ver a las mujeres, se le vio venir que es más agarrao’ que una pelea de monos.

A esta conclusión podrías haber llegado tranquilamente sólo con los testimonios de su presentación, pero a la hora del postre ya se despejaron todas las dudas, y es que quiso cambiar su postre por el de su pareja, y al pedirle el cambio a Matías, éste le dijo que sin problema, pero se cobraría a parte, a lo que respondió de forma casi automática:

«Hostia… Nada, nada, nada.»

Y de verdad que nos podríamos pasar aquí contándotelo todo y no haríamos justicia de lo desastroso que fue el resultado, así que os dejamos un par de perlas más y tiramos con el vídeo para que sufráis desde el otro lado de la pantalla. 

«Me la como, me la como, aunque me hubiera hecho una cobra, da igual. Me he visto bien».

«A las chicas no les gusta que les digan la verdad, se sienten ofendidas».

«No actúo con el corazón, intento pensar antes de actuar».

Desde aquí solo podemos insistiros para que veáis el vídeo y nos comentéis cuánto tiempo fuisteis capaces de aguantar, eso, y mandarle un saludo a Sonia: tranquila, ya ha pasado lo peor.

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Fuente: Cuatro