Tal vez no conozcas aún el nombre de Jessica Allen, pero luego de conocer su historia te aseguramos que te costará olvidarlo. Se convirtió en una rareza médica cuyo caso solo se ha dado 10 veces en la historia.

Todo comenzó en el momento en el que se dispuso a ser vientre de alquiler para una pareja proveniente de China.

Ésta práctica es ilegal en el país asiático, pero se permite en muchos estados de América. Así fue como contactaron con ella, y le ofrecieron 35.000 por su «servicio» que consistiría, siendo concretos, en una fecundación in vitro.

Sin mucha complicación, Allen quedó embarazada con un embrión masculino que la pareja se había encargado de congelar previamente en la clínica.

La primera sorpresa llegó seis semanas después, cuando se enteró de que a pesar de haber sido fecundada por un solo embrión, estaba gestando gemelos.

Siguiendo  la instrucción de los médicos de la clínica de IVF, no tuvieron relaciones sexuales hasta que se les indicó que era permitido. Por esta razón, pensaron que el embrión se había dividido y que estaba fecundando a dos gemelos idénticos.

Luego de 36 semanas, Jessica dio a luz a los gemelos, y antes de poder verlos, estos les fueron entregados a la pareja china, que tomó la custodia de ambos bebés.

«¿No son iguales, verdad? Han pensado por qué son distintos?»

Días más tarde, este mensaje fue enviado por parte de la pareja a la clínica, y lo raro es que tardasen en darse cuenta, pues uno de los bebés tenía rasgos afroamericanos. Justo como la pareja de Allen.



Jessica Allen se embarazó cuando ya estaba embarazada. Las pruebas de ADN mostraron que un gemelo, Mike, tenía el ADN de la pareja china y Malachi, el otro gemelo, el de los Allen.

Esto generó una gran confusión a todos los implicados, la pareja china renunció a la custodia de Malachi, y lo dio en adopción. Más tarde, los Allen se fueron a adoptar a su propio hijo biológico (ya verán cómo se lo explican dentro de unos años).

«No me arrepiento de haber sido una madre sustituta porque eso sería rechazar a mi hijo. Sólo espero que otras mujeres que consideren convertirse en madres sustitutas aprendan de mi experiencia. Y que un bien mayor salga de esta pesadilla»

Tanto por las complicaciones legales, como sanitarias, todo el proceso que pasó hasta poder estar con su hijo, lo vivió como la peor de las pesadillas.



A esta anomalía médica, que se ha dado tan pocas veces en la historia, se la conoce como superfetación, y ocurre cuando un óvulo liberado durante el embarazo es exitosamente fecundado. Pero esto no suele ocurrir, pues el proceso hormonal durante el embarazo detiene la ovulación.

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Fuente: Azteca américa