En un lado de la mesa teníamos a Albert, un joven de 20 años que tenía una imagen muy clara de si mismo: «soy una persona muy divertida, pero también muy pragmática», aclaraba. «El futuro es algo que se escribe con el presente, por lo que solo me preocupo por el presente», afirmaba.

En lo referido a lo que busca en el amor, también lo tenía claro «admiro a la gente simpática y transparente». También defendía que la gente independentista ‘no encajaba demasiado con él’… ¿Estaría su cita a la altura de sus expectativas?

María sería la encargada de ocupar el otro lado de la mesa. Esta estudiante de 20 años era muy consciente de su forma de ser: «para darse cuenta de mis locuras, solo hace falta estar cinco minutos conmigo»… ¿aguantarían ‘tanto’ tiempo juntos? A ver, a ver…

Las primeras impresiones, por ambas partes, fueron bastante buenas. Albert confesaba que, al menos en el aspecto físico, habían acertado de lleno con ella. Muchas risas y muchos comentarios cruzados… la cosa pintaba bien.

La cosa es que, más tarde, en el confesionario, María afirmaba que la forma de vestir de Albert no le gustaba demasiado: «Si a él le gusta, me parece bien. Pero a mí…»… vaya giro imprevisto de los acontecimientos.

Ya en la mesa, ella se mostró bastante nerviosa. Ella no paraba de reírse con nerviosismo, aunque él prefería ver el vaso medio lleno siempre: «me gusta que tenga esa sonrisa nerviosa». Ella, por su parte, no veía problema en esto: «yo soy así».

En un momento determinado, él le preguntó si ella era polifacética, cosa que ella no supo contestar con claridad: «no sé de qué mes está hablando». Y es que, en este punto de la cita, las cosas, al parecer, se estaban descontrolando bastante.

Él, como bien había demostrado en la cena, era una persona bastante culta en diversos aspectos. En un momento determinado, le explicó a María el origen del ‘reggaeton’… a lo que ella respondió: «no me he enterado de nada». Pero es que luego llegó el tema de la política.

Él le preguntó sobre su posicionamiento respecto al panorama político actual… y ella no supo qué responder: «A mí la política ni me va ni me viene»… y él buscaba que su pareja tuviese, al menos, un mínimo interés por esto: «Todo el mundo debería tener una posición en política». La cosa se estaba descontrolando.

Aquí os dejamos la cita íntegra para que veáis cómo acabó todo:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios.

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