Todos tenemos una parte de nuestro cuerpo que nos gusta especialmente, y del mismo modo, todos tenemos otra que odiamos por completo, aunque sea por un pequeño detalle.

Curiosamente, suele coincidir para muchas personas en que el rasgo que menos les gusta es su nariz. Nos hemos hecho a la errónea idea de que una nariz bonita debe ser, delgada, puntiaguda, y respingona. Y no es que éstas no sean preciosas, sino que hay muchas más formas y tamaños que son perfectos, y cada cara encaja con un tipo de nariz.

Una nariz diferente aporta personalidad, pero hay quien aun así, por decisión propia, prefiere cambiar este aspecto de su vida. Que está bien también, claro.

Siempre y cuando no te ocurra como a nuestra protagonista de hoy.

«Cuando me quitaron la escayola de la cara y las enfermeras vieron lo que había… Bueno, una de ellas incluso gritó. Me sentí como un monstruo. No me pusieron un espejo delante, pero hasta me hicieron fotos con el móvil. Fue el peor día de mi vida».

Badiaa Zahri, una madrileña de 44 años, aun llora cuando cuenta su historia. Su idea era la de hacerse una simple rinoplastia en un centro cercano al parque del retiro. Pero las cosas no salieron como ella esperaba: En lugar de mejorar su estética y respiración, le amputaron por error una parte de la nariz, dejándola del todo desfigurada, y haciendo insignificante aquel detalle que Zahri odiara su nariz natural.

Todo esto acaba de ser sentenciado por el juzgado de Primera Instancia número 44 de Madrid, que obliga a que el seguro de responsabilidad civil del médico indemnice a la víctima con casi 100.000 euros, intereses incluidos.

El cirujano demandado, T. L., licenciado por la Universidad de La Habana, no tiene el título convalidado en España (según declaración propia en un procedimiento anterior), aunque sí reconocido por el Colegio de Médicos de Madrid.

«Estuve año y medio con la nariz tapada por gasas… Trabajaba de cara al público, y hubo un momento en que me estaba paranoica. Tuve que dejarlo».

«Ya vi claro al llegar a casa que los agujeros de la nariz habían quedado raros»

Antes y después de la operación, el médico le transmitía seguridad, pero al llegar a casa empezó a vivir su terror personal.

Cuando le retiraron la escayola luego de una semana, descubrieron que todo había salido mal, y no solo a nivel estético, sino que además sentía fuertes dolores y dificultades respiratorias.

«El médico me dijo que no me preocupara, que me operaba otra vez, que podía rellenar la cicatriz, que igual se podía hacer láser. Me dio esperanzas, empecé a usar cremas… Pero luego busqué otras opiniones y ahí se me vino el mundo encima. Me dijeron que no iba a recuperar el trozo que me habían amputado. Era tejido necrosado, muerto. Se había muerto parte de la nariz».

Ahora debe vivir con la ansiedad y la depresión que todo esto le ha causado, y aunque ha vuelto a empezar a trabajar, su vida no vuelve a ser la misma, ya que se siente constantemente observada, e incluso hay quien se anima a preguntarle, normalmente, ella responde que ha sufrido un accidente de tráfico.

Tengo claro que de alguna manera experimentaron conmigo

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Fuente: El mundo