Todo comenzó cuando una pareja de ladrones se acercó a una mujer para robarle el bolso. Tras unos primeros intentos, la situación se convirtió en un violento forcejeo ante la resistencia de la mujer a ser robada.

Un joven de 22 años observaba la escena y, ante la situación de emergencia, decidió actuar: iba a intentar evitar el robo. Consigue alcanzar al ladrón y se produce un intercambio de puñetazos y el ladrón cae al suelo. Fallece dos días más tarde en el hospital fruto de las hemorragias sufridas por el altercado.

El joven se llama Borja y ha sido condenado a dos años de prisión y a pagar una multa de 180.000 euros. Como no podía ser de otra forma, la opinión pública se ha revuelto con la sentencia y son muchas las personas que han saltado para defender su inocencia.

Para entender mejor la naturaleza de la sentencia, lo primero es saber a ciencia cierta qué pasó ese 8 de febrero de 2015. Según afirmó Borja en el juicio, uno de los ladrones estaba ‘pateando la cabeza de la víctima’, por lo que su vida corría peligro. Afirmó que solo quería recuperar el bolso, y que si tuvo que pelearse fue para defender su propia integridad. La naturaleza de su intervención, según afirma, era buena, y que los golpes y las consecuencias de los mismos fue algo totalmente imprevisto.

Estos argumentos, para el Tribunal, no valieron nada: Borja tendrá que cumplir dos años de cárcel y deberá pagar una indemnización de 180.000€ a la familia del ladrón.

Según se ha podido saber y a pesar de que la pena, al ser de dos años y no tener antecedentes, podría no cumplirla en prisión, sí que tendrá que ingresar en la cárcel por el hecho de que no puede hacer frente a la indemnización.

Y es que, hablando de antecedentes, el fallecido sí disponía de unos cuantos: tenía sobre sí una orden de búsqueda y detención en el momento de los hechos y un historial de seis arrestos por robo, hurto, desobediencia y falsedad documental.

Era consumidor habitual de cocaína y marihuana, su salud era bastante precaria, cosa que la defensa de Borja ha utilizado para explicar que falleciese de forma tan abrupta después de la pelea.





El problema con este caso está en aquellos que pretenden utilizarlo como un ejemplo de que se debe permitir que nos tomemos la venganza por nuestra propia mano. Sin ir más lejos: el año pasado se daba el caso de un anciano que acabó con la vida de un asaltante que entró a robar a su casa, o el caso de un tendero chino, quien dio una paliza a un ladrón que entro a su comercio.

Pero es que el ‘caso estrella’ es el del policía que se enfrenta a una pena de dos décadas por disparar a tres criminales que entraron a robar a su domicilio y le pegaron una paliza.

El debate mediático que generan este tipo de cosas es demasiado grande y son complejas de analizar. Si permitimos esto, ¿dónde está el límite? Pero, por el otro lado, ¿qué mensaje mandamos a la sociedad si condenamos a alguien por salvarle la vida a otra persona? Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas pero, de momento, un hecho seguro: la sentencia de Borja ya es firme.

A vosotros, ¿qué os parece este caso? ¿Creéis que la justicia está siendo demasiado dura con Borja? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: Magnet.

 

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