A nuestros padres les encantan nuestras fotos. Si por ellos fuera, nos estaríamos haciendo selfies cada cinco minutos solo para mandárselas, especialmente mientras comemos, llevamos rebequitas o cruzamos un paso de cebra en verde.

Gracias a dios que no se terminan de manejar con Instagram, y a los que son jóvenes y sí que lo hacen, y probablemente lean este artículo: ¿Por qué creéis que de pronto todas las cuentas de Instagram de adolescentes son con candado? Porque saben que sus padres son unos modernos, pero ellos no son tontos.

La cuestión es que hay momentos en los que se vuelve especialmente difícil el mantener un contacto aceptable con papá y mamá, como pueden ser unas vacaciones, las temporadas de exámenes o los primeros meses de un primer trabajo. Por lo que para mantenerlos actualizados sobre nuestra vida, pasamos de las llamadas diarias a un selfie semanal acompañado de un «sigo vivo».

La cuestión es que estas fotos, como mucho las hacemos en el rincón menos desordenado de la habitación, pero no solemos prestar demasiada atención a los detalles, puesto que siempre las hacemos apresuradamente para poder pasar luego a nuestra siguiente tarea. Y hay que tener mucho cuidado con esto, porque nuestros padres pasan el escáner a la foto entera, hacen zooms para saber si es realmente tu habitación, si estás con alguien, y a poder ser, con quién.

Se convierten en el puto CSI por un momento, y no hay quien les gane a investigar. Después de todo, te quieren y solo quieren saber de ti, aunque sea de una forma tan creepy como esta.

Pero hay veces en las que el error es tuyo, porque dejaste aquello que es mejor que no se vea en un lugar demasiado evidente, y ahí ya no hay marcha atrás. Porque créeme, ellos lo verán. Pero luego decidirán si prefieren hacerte saber que lo saben, o no, dependiendo de las ganas que tengan de vacilarte.

Esto es lo que le ha ocurrido a nuestra protagonista de hoy, Kellsey, que se había ido de vacaciones con su novio, Elliot, con un plan perfecto de escapada romántica.

Para poder continuar su viaje con normalidad sin tener que estar muy pendiente de sus padres, intentó dejarlo todo preparado lo antes posible, llegaron al hotel, deshicieron las maletas al completo, y se hizo una foto para sus padres.

Pero no cayó en un detalle que aparecía en la foto.

Sí, seguro que te suena.

No vamos a decirte la marca, pero ya te la sabes… ¿Verdad?

Como no podía ser de otra manera, los padres de la joven no tardaron en responder.

«Papá dice que la foto es adorable. Bonito bote de lubricante»
«Es la crema para la rodilla de Elliot»
«Papá le ha hecho zoom»
«Elliot se ha muerto».

Aunque en esta ocasión todo acabó entre risas. Lo que os aconsejamos es que miréis bien qué fotos mandáis y a quién, incluso (y sobre todo) si es a vuestros padres.

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Fuente: Unilad