En un lado de la mesa teníamos a Jona, un joven de 20 años que se ganaba la vida como promotor de fiestas. Según él mismo se definía, era una persona ‘con mucha personalidad’: «tengo una manera de hablar muy diferente a los demás. Soy muy ocurrente».

Explicaba también que estaba, ahora mismo, bastante entregado al mundo de Instagram: «me muevo por Instagram. Empecé a hacer vídeos de risa y en un año he subido un montón de seguidores (4.000)».

Lidia no acababa de entender exactamente a qué se dedicaba y él le especificó que estaba completamente centrado en el humor y en ‘hacer el tonto’: «Igual salgo en los stories bailando twerking allí mirando los glúteos ‘rebota, rebota, mira esa muchachota'».

En lo referido a lo que buscaba al amor, lo tenía bastante claro: «busco a una persona aplicada, en temas sexuales y amorosos. Una persona que confíe en la pareja con la que está. Quesea celosilla pero no al extremo… que, a veces, los ojos se te van».

En el otro lado de la mesa teníamos a Ana Isabel, una joven bilbaína de 20 años de edad y estudiante de bachillerato: «llevo un año subiendo vídeos a Youtube. No espero dedicarme profesionalmente a ello, pero me gustaría ir probando cosas nuevas».

La conversación tardó como 30 segundos en torcerse por completo. Ella le preguntó a él de dónde era y, ante la respuesta de que era de Castellón, ella le dijo que ‘le pillaba un poco lejos’. Esto, como no podía ser de otra forma, vino acompañado de la pregunta ‘de dónde era ella’.

Cuando Ana Isabel respondió que era de Bilbao, llegó la primera metedura de pata de Jona: «Ahí en Bilbao sois muy bastos, ¿no?». Ella no se lo podía creer y le recriminó si ‘la veía basta’: «yo no soy una basta: soy coqueta y me alegro. No hablo alto. No soy una persona bruta».

Ya en la mesa, el primer tema que salió a la palestra fue el de que ambos se ‘dedicaban’ al mundo de Internet… pero la cosa tampoco fue demasiado bien: ella, por su parte, no quiso revelar cuántos seguidores tenía y él, por su parte, afirmó que ‘tenía 4.000’, cifra que ella encontró irrisoria, teniendo en cuenta que él se consideraba un ‘influencer’: «Eso de influencer se lo cree más él que nadie. Porque con 4.000 seguidores, de influencer, nada».

Y es que, a partir de ahí, todo sonaba y se notaba mucho más forzado. Él le preguntó por qué pensaba ella de su físico… y ella no sabía dónde meterse: «Ha habido comentarios que soltaba que yo pensaba ‘por Dios, mátame’. Quería meterme debajo de la mesa».

Cuando él intentó hacer ‘algún chiste’… la cosa se fue todavía más al garete: «su humor me parece una mierda», reconocía ella. La verdad es que, llegados a este punto, solo podíamos ser bastante pesimistas respecto a cómo acabaría todo.

Ella, por algún motivo, cuando ya estaban llegando al final de la cena, va y le suelta: «me he dado cuenta de que eres bajito»… vaya, ¿hacía falta? Él hizo que se levantara de la mesa para comprobar que, como mínimo, eran de la misma estatura: «tú lo que querías era acercarte a mis labios», bromeó él.

La cosa no iba a acabar bien… pero si queréis ver como sí que era posible que la cosa fuese a peor, aquí os dejamos el vídeo con la cita íntegra para que veáis el desenlace:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? ¿Cuál de los dos pensáis que ha estado más desacertado? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: Cuatro.