Después de las semanas de sequía que nos dejó First Dates con sus especiales de ‘refritos’, ahora ha vuelto con toda la fuerza con la que este programa podía volver (que es mucha, ya os lo avisamos). Ayer os comentamos la cita en la que una tal Olga se puso a bailar pool dance delante de su pretendiente… y la cosa no pudo ir mejor. Pero hoy os traemos la otra cara de la moneda: la que no acaba tan bien.

Julio era un sevillano de 52 años que había llegado al programa buscando el amor ya que pensaba que nunca era tarde para que cupido te echase una mano en ese aspecto. Él, desde el principio, se mostró bastante… particular a la hora de hablar de su cita. Pero es que, por cómo irían las cosas más adelante, todo empezaría a cobrar sentido (al menos para él, claro).

Ruby, por su parte, tenía 59 años y, en lo que a sus aspiraciones sentimentales se refería, también se mostraba bastante optimista y esperanzada al respecto… pero la cosa, ya os avisamos, no iba a acabar demasiado bien.

Cuando se sentaron a cenar, y ambos empezaron a hablar, salió el tema de la edad, revelándose que ella era mayor que él… y esto a él no le gustó demasiado (aunque dijese que no le daba importancia).

De hecho, en ese mismo momento, dijo que había ido al programa buscando una amistad: «los que venimos a este programa es buscando una pareja. Para eso es el programa», confesaba Ruby.

Y es que luego él empezaba a contar una historia un poco confusa: «tengo una gran amiga gallega con la que me llevo muy bien», para luego admitir que mantenía una relación con ella. Ella le recriminó que, entonces, para qué había venido al programa: «¿por qué has venido si ya tienes a tu amiga?».

Él, ante la pillada, solo pudo decir que ‘había venido a conocer gente’… pero es que luego, en el confesionario, empezó a soltar unas cuantas perlitas: «si me hubiesen traído una chica de 35 no le hubiese comentado nunca lo de mi amiga de Galicia».




Ruby, ya viendo que se había abierto el melón, le soltó que «tu amiga, cuando te vea aquí, se va a enfadar contigo», a lo que el respondió «sí, seguro». Ella ya no podía más: «nunca me había tocado alguien así de ordinario, jamás».

«Su forma de proceder, su forma de hablar, su forma de hablar con el servicio… es un maleducado», afirmaba Ruby. Pero es que la cosa no tenía pinta de mejorar: él no paraba de hablar con la boca llena o comportarse como si hubiese aprendido a comer el día anterior.

Pero es que luego, por si no había suficiente con todo esto, explicó una anécdota con una ‘amiga colombiana’ repleta de prejuicios que a ella no le gustó nada (y que es mejor que veáis en el vídeo que os dejamos más abajo).




Al final, ella lo tenía bastante claro: «No me han gustado muchas cosas tuyas» … pero él se mantenía en sus doce: «me he comportado como un caballero»… Ella no quiso volver a verlo, pero él insistió en tener una segunda cita.

A vosotros, ¿qué os ha parecido la actitud de él? ¿Creéis que ella ha exagerado? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuentes: Cuatro.