Los artistas deben vivir con una terrible maldición, y es que parece que para ellos, a menos que su firma sea reconocida, el cobrar por su trabajo debe ser algo secundario, y muchos son obligados por esto a tratar su pasión y su futuro como si fuera un hobby más.

Estamos en tiempos de desprecio al arte desconocido, en el que un fotógrafo profesional queda estancado en las fotografías de los eventos familiares (y que no se le vaya a ocurrir pedir dinero, porque estaría feo).

Y esto es algo que recae tanto en fotógrafos como ilustradores, músicos, escritores, bailarines y maquilladores.

Hoy hablaremos del último caso. Te ponemos en situación.

Una mujer está preparando su boda de ensueño, pero no tiene mucho dinero, así que decide recortar gastos en el maquillaje y peinado, y cuelga este anuncio:

Ahora bien, tú eres una maquilladora profesional que ha tenido que irse de su ciudad para que la tomen en serio (ocurre mucho en las ciudades pequeñas, que al conocerte, pues todo el mundo quiere su «descuento de amigo» y se convierte en tu ruina), y estás a punto de abrir un local que por fin esté a tu altura.

Y a esto que entre preparativos y estrés, te llega un mensaje de una antigua amiga a la que hace mil que no ves, porque entre otras cosas, ella no se ha esforzado lo más mínimo para mantenerse en contacto, y ni siquiera te dio su apoyo en los momentos en los que sabía que lo pasabas mal.

Pues venga: 

Además, resulta profundamente frívolo el cómo pasa del asunto de los padres de su «amiga» (emoji incluido), para luego saltar con el ¡Pues yo me voy a casar!. Así, al grano y sin anestesia, en plan «no te vayas a flipar tampoco contándome tus mierdas que no tengo tiempo».

La chica decide no tener el cuenta la actitud inicial de la futura novia e intenta ofrecerle su ayuda, dentro de lo que ve posible. Y habla como una persona normal, importante.

Vale, aquí es cuando empezamos a ponernos serios. Le ofrece el poder quedarse en la boda como si fuera un favor, después de tragarse un mínimo de 6 horas de viaje para el día de la boda y para las supuestas pruebas previas, y pretende que le salga todo más barato que la maquilladora del pueblo. Venga ya, señora.

Además, el momento de «no puedo ir porque estás muy lejos y no sé si a mi prometido le parecerá bien que vaya, así que ven, que yo NO te pago el viaje».

-No te imaginas cómo me enervan estas cosas-.

La pobre mujer ya intenta luchar por no perder dinero por hacerle el favor…

Me gustaría saber lo que para esta señora significa que algo le convenga a alguien más a parte de ella…

Esto te parecerá una locura, pero los artistas muchas veces tienen que hacer esto de justificar su precio, mientras que en las demás profesiones, esta situación no se da.

Y así termina la historia.

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Cómo habrías resuelto tú el problema? Cuéntanos tu opinión en los comentarios de Facebook e Instagram.

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño).

Fuente: BoredPanda