Cuando hablamos del amor, la edad es solo un término que debería quedar en un segundo plano (siempre que se superar los 16 años, la edad mínima de consentimiento sexual, claro). Querer es algo incontrolable y, cuando es correspondido, es una de las experiencias más satisfactorias que nosotros, como simples trozos de carne andantes y danzantes, podemos tener en esta, nuestra corta vida.

Es verdad que, por lo general, las personas tienden a emparejarse con otras que, más o menos, tienen una proximidad temporal en lo que a la edad se refiere. Así pues, lo común es ver a parejas que se llevan entre ellas 3, 7 o hasta 12 años. Pero esto no quiere decir que no haya casos muy, pero que muy diferentes.

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También hay que destacar que, por alguna especie de convención social o algo que se nos escapa por completo de nuestro conocimiento, en la mayoría de relaciones, el hombre (en el caso de ser una pareja heterosexual) es mayor que la mujer. Puede que sea solo por unos meses, pero es lo más habitual.

La cosa es que los protagonistas de nuestra historia de hoy se saltan por completo todas estas premisas. Han cogido todos los estereotipos que existen en el mundo de las parejas y, durante más de una década, los han desmontado uno a uno.

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Edna Martin y su marido Simon son un gran ejemplo de que el amor no le debe nada a los años. Entre ellos dos no es que se lleven unos pocos años; es que se llevan nada más y nada menos que cuatro décadas de diferencia.

Ella, la mayor, afirma que, por mucho que la situación pueda parecer adversa, la llama del amor no se apaga en absoluto y que, de hecho, a cada año que pasa está más viva que nunca… y ya van catorce.



Si es que, al parecer, no han desaparecido ni los pellizquitos traviesos en el culo: «Somos tan ardientes en la cama como cualquier pareja de enamorados», afirma ella que, hoy en día, cuenta ya con 83 primaveras y es abuela de cuatro niños.

«A menudo nos paramos por la calle y nos besamos. Me gusta pellizcarle el trasero a Simon en el supermercado y él me acaricia la parte de atrás del sujetador cuando estamos haciendo cola para pagar«, cuenta Edna sobre su marido, de 44 años. «Simplemente hacemos lo mismo que dos personas enamoradas».



Afirma también que lo que ocurrió entre ellos «fue amor a primera vista», tal y como lo describen sus protagonistas en el vídeo que os dejamos más abajo. Ella es una ingeniera jubilada, y conoció a Simon en 2002, momento en el que surgió el amor, acabando, en el año 2005, en matrimonio. En el momento en el que se dieron el ‘sí, quiero’, ella tenía 70 años y el 32. Una década después, en 2015, renovaron sus votos matrimoniales.

Lo cierto es que no todo es ‘bonito’ y ambos sufren de algunas enfermedades que, lejos de separarlos, los unen. Él, por su lado, sufre de dislexia, dispraxia y síndrome de Asperger, y tuvo que abandonar su carrera musical después de desarrollar diabetes tipo dos y someterse a un arriesgado trasplante de riñón.



Edna, por su parte, tiene problemas de movilidad derivados de la edad… pero es que todo esto, a los dos, les da igual. Ellos están dispuestos a soportar lo que sea con tal de poder estar juntos.

Aquí os dejamos un breve vídeo con su historia:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta curiosa historia? ¿Pensáis que el amor, en edades tan diferentes, es posible? Dejádnoslo en los comentarios. 



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Fuente: 20 minutos.