Ahora que llega el veranito, lo más habitual es empezar a ver a personas que han dejado para última hora la llamada (y temida) ‘Operación Bikini’. El lucir palmito en la playa es algo que, para cada uno, es completamente diferente. Hay quienes no tienen ningún complejo… y quienes prefieren ‘ponerse a punto’. Lo cierto es que, en cualquiera de los casos, es un buen momento para contaros la historia de hoy.

Hay personas que bajan de peso por salud o estética… y otras que lo hacen para, simplemente, ganar dinero. Y es que la historia que os traemos hoy va de, precisamente, eso: un jugador de póquer quebrado que consiguió una forma de enriquecerse y ponerse en forma a la vez.

Su nombre es Walter Fisher y, como profesión, tenía la de jugar al póquer de forma profesional. A sus 36 años, se había convertido en toda una figura de esta disciplina y conseguía ganar grandes sumas de dinero en todos los torneos a los que se presentaba.

La cosa es que, como en muchos de estos casos, la avaricia acabó por romper el saco. La mala suerte llegó a su vida y perdió todo lo que había conseguido… y se endeudó todavía más intentando salir de ese ‘bache’.

Generó una deuda de 100 mil dólares, aumentó de peso hasta los 11 kilos y se sumergió, de forma inevitable, en una profunda depresión. Llegados a un punto, decidió que, o cambiaba, o todo se iba a acabar.

«Mi apuesta de 600 mil dólares… Este soy yo, más grande que nunca, poco sano. Soy un gordo de 111 kilos viviendo en Nueva York. Es 22 de diciembre del 2016 y no soy una persona sana, me veo peor que cuando jugaba póquer. Hice una promesa mientras desayunaba en una cafetería: a partir de mañana comenzaría mi viaje directo a perder el 10 por ciento de grasa corporal en 6 meses».

«No necesito deciros que existen apostadores escépticos con mi objetivo que ya pusieron dinero en este juego. En su mente no existe la posibilidad de que pueda completar esta apuesta.




«Así que arreglamos todos los detalles, pues ni siquiera conozco mi porcentaje actual de masa corporal y que no tomaré ningún tipo de esteroides o suplementos, tampoco haré liposucciones, pues si lo hago me descalificarían. También decidí hacerme unos exámenes de sangre. Una vez estipuladas las reglas, pusimos el dinero en resguardo y ¡la carrera comenzó!».

La cosa es que un jugador se apostó 100 mil dólares a que Fisher sería incapaz de realizar su desafío con éxito. La cosa es que esta persona no contaba con que Fisher estaba muy motivado por cambiar de vida y poder pagar la deuda que había generado. A esta apuesta, se sumaron dos amigos más del jugador de póquer: Dan Bilzerian y Bill Perkins.

La cosa es que la apuesta llegó al millón de dólares, de los cuales 500 mil irían a parar a Fisher si conseguía su objetivo… y es que lo tenía bastante complicado la verdad: su índice de grasas corporal era de un 30% y no tenía ningún tipo de experiencia en el mundo del deporte.




Así pues, buscó la ayuda profesional del entrenador Chris DiVecchio, dueño de un famoso gimnasio en Los Ángeles, California y se puso manos a la obra, poniendo toda la carne en el asador (sin comérsela, claro).

Comenzó con un régimen de 30 minutos intensos de entrenamiento diario los siete días de la semana. La cuestión es que fue aumentando el tiempo de entrenamiento diario y a los tres meses su índice de grasa había bajado a 13.5%, no era lo suficiente para ganar la apuesta.

Siguió con una dieta y un entrenamiento intenso y, al cabo de los 6 meses, Fisher logró perder 30 kilos. Hoy en día pesa 75 kilos, y logró reducir su grasa corporal a un 8.8 por ciento… o, lo que era lo mismo: había ganado la apuesta:

«De estar en lo más bajo a donde estoy ahora es un verdadero logro y una gran transformación. Mucha gente habla y comenta al respecto, pero el 99% de ellos no lograría hacer lo que yo hice, aun cuando el dinero es el incentivo, pero yo no me rendí, y esto me hace sentir que no hay nada que no pueda hacer», concluyó Fisher.




A vosotros, ¿qué os ha parecido esta historia de superación? Dejádnoslo en los comentarios. 

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