First Dates es un programa que, después de como dos millones de entregas, y más de nosecuantas citas (como habréis podido observar, hoy estamos muy precisos con los datos) sigue teniendo la capacidad de engancharnos, enamorarnos y, sobre todo, sorprendernos. Es impresionante ver como, después de la cantidad de parejas que han pasado por el restaurante más famoso de la televisión, todavía pueden enseñarnos cosas que no habíamos visto antes.

Y es que, la cita que os traemos hoy, no se quedó corta en ninguno de los aspectos anteriormente mencionados. La cosa, que empezó bien, acabó de la mejor forma posible… al menos para los espectadores. Esta es una de esas citas que pasan a la historia del programa de forma inmediata.

La pareja llegó al restaurante, como todas, para encontrar el amor al otro lado de la mesa. Cada uno explicó el clásico rollazo de ‘lo que buscaban en la otra persona’ y, como la mayoría, buscaban a alguien ‘casi perfecto’ (en este sentido, casi nadie es demasiado original nunca, la verdad).

Lo que sí es verdad es que, desde el principio, pareció haber un buen feeling entre los dos comensales. Ambos se habían gustado bastante físicamente y encajaban bastante bien en lo que cada uno buscaba en la otra persona.

La cosa iba bastante bien y parecía complicado que, al final de la cita, no hubiese un ‘sí’ por parte de los dos… ya que habíamos visto cosas peores que habían acabado de la mejor forma posible… pero la cosa es que todo se torció cuando llegó el momento de bailar.

La cuestión es que, cuando llegó la hora de mover las caderas, toda la química que habíamos podido ver en un primer momento… desapareció por completo hasta punto casi irreconciliables.

Santiago se había jactado de tener una intensa rutina de entrenamientos y tuppers… y esto es algo que, al parecer, no interesó demasiado a Jennifer, quien lo encontró como ‘poco romántico y llamativo’.



La cosa es que, lo que a Jennifer le interesaba de verdad, era si su cita sabía bailar bien y eso es algo que podría comprobar en breves ya que, de la nada, empezó a sonar música en el restaurante.

Y es que resultó que el fuerte del bueno de Santiago no era el baile… y solo bastó con verlo intentar ‘mover las caderas’ para comprobarlo. Jennifer bailaba twerking como si no hubiese un mañana… pero Santiago no pasaba de ‘mover el esqueleto’. Cuando él intentó imitarla… bueno, la cosa se fue un poco al garete.

Dado que Santiago afirmó que lo que más le gustaba de una mujer era su ‘trasero’ y que Jennifer pensó que era un buen momento para hacer twerking… él lo tenía todo para estar más que encantado y, si a ello le sumamos que la cosa había ido más o menos bien… no tenía motivos para pensar que la cosa acabaría como acabó.

Y es que, a pesar de que él sí quería tener una segunda cita, ella decidió que a él le ‘faltaba algo de chispa’ y, por lo tanto, no quería repetir con él. Así pues, esta era una de esas citas en las que cupido destaca por su ausencia.

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? ¿pensáis que eran incompatibles? y, sobre todo: ¿también pensáis que él baila tan requete mal? Dejádnoslo en los comentarios. 

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