First Dates es un programa que comenzó con una buena intención: la de juntar personas solitarias que buscan el amor, con otras que sean afines a ellas, ponerles una buena cena sobre la mesa, y dar el mejor ambiente posible para una primera cita a ciegas.

Pero con el paso del tiempo, el resultado final ha acabado siendo algo muy distinto de esta idea inicial.

Se ha terminado convirtiendo en el experimento social perfecto. Gracias al programa, ahora lo que vemos no son personas (o al menos no lo parecen en muchos casos), sino perfectos sujetos de estudio.

No eres consciente de que existe un cierto tipo de persona hasta que aparece uno en First Dates. Y es que de verdad que hay de todo.

Pero aun dentro de la variedad ya hay también grandes clásicos, como el lobby machista (que casi que vamos a un mínimo de uno por programa) y sólo sirve para demostrar lo preocupante que es este hecho, ya que nunca se les acaba el material de este tipo de especímenes (Por Dios, ¿Cuántos puede haber?)

En el programa de ayer, el que se encargó de quedarse bien a gusto a base de labia fue Jaime, un tipo de 34 años que fue soltando una detrás de otra.

Ya durante su presentación, él se aseguró de que sus preferencias quedasen más que claras, con perlas como:

«Una mujer es un tesoro y yo soy el pirata que cuida ese tesoro. Así es como me defino yo. ¿Y qué pasa con los tesoros? Que si no los cuidas desaparecen, o te los roban.» 

Cuando le preguntaron que cómo era en cuanto al amor, aclaró que «con las mujeres me gusta ser un señor, tratarlas bien, escucharlas, respetarlas…». Seguro que Carlos no se esperaba la respuesta que obtuvo cuando preguntó que hacia qué tipo de mujer se sentía atraído, ya que dejó con la boca abierta a todo el que vio el programa de anoche.



«Me gustan los caballos de carreras, una mujer tipo Angelina Jolie, pero con mucha personalidad. Sus curvas, sus tetas bien puestas, su culito… Una mujer guapa, pero que tenga sentimientos».

Y ya está, qué más puedes hacer luego de esta perla. Pero para sorpresa de Jaime, la cita sería completamente a ciegas, por lo que tendría que juzgar a su pareja por lo que hablase, en lugar de por los ojos.

Luego de lo que parecía una charla amena, ya que curiosamente parecía que se llevaba bastante bien con su compañera de mesa, llegó la hora de la verdad, darse el sí o no a una segunda cita aun con los ojos vendados.

Ninguno de los dos quiso probar una segunda vez, y aquí es donde el amigo terminó de coronarse:

«he visto que eres un poco cortadita, que no te ha gustado hablar de sexo en la cena, aparte tienes un hijo, que no es ningún inconveniente, pero lo tienes».

 

Al menos, como se suele decir, ambos estuvieron de acuerdo en que no estaban de acuerdo, y aunque podrían haberse llevado bien, una bala esquivada, es como una nueva vida.

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Fuente: 20 Minutos