Nunca sabemos cuándo llegará el día en el que el amor llame a nuestra puerta, y tal es la confusión sobre este tema, y tan larga la espera, que ya cada vez que suena damos por hecho que son testigos de Jehová y nos negamos a abrir para que no nos den la chapa.

Es por esto que a muchos les empieza a atacar la prisa y van en busca de estas personas, porque igual es que se perdieron en el camino, y claro, tu puerta no está tampoco a la vista de todo el mundo.

First Dates es una de las grandes oportunidades para las personas que buscan el amor con un poco de prisa, pero puede ser que una cita a ciegas no sea la forma más fiable de conocer a alguien que te guste de verdad.

Pero ¿Y si realmente te encuentras a la persona que buscas, pero eres lo suficientemente idiota como para no verlo por fijarte en nimiedades en lugar de lo que de verdad te importa?

Justamente es lo que le pasó a Joaquín, un camarero sevillano que se dejó caer anoche por First Dates para conocer a Carmen, una viuda dispuesta a volver a vivir su vida.

Ambos parecían hechos el uno para el otro, y esto iba mucho más allá de que los dos fueran del sur y vistieran a juego, realmente se gustaban, se miraban y se piropeaban a base de bien.

La primera preocupación de Carmen era la reacción de su compañero cuando se enterase de que tiene un hijo pequeño esperándola en casa, a lo que Joaquín respondió de la forma más correcta.

«Tu hijo es lo primero, si alguien quiere conocerte, primero es ver cómo se lleva con él, y entonces ya se va viendo».

Después de que hablasen de fogosidades andaluzas, llegó el momento clave de la cena. Lydia dispuso a todos los comensales a bailar para que tanteasen algo más que palabras, y la pareja de tórtolos se levantaron sin pensarlo mucho, porque claro, en arranques no les iba a ganar nadie.

Y ya está. Cita arruinada.

¿Qué? ¿Cómo? ¿En qué momento ha pasado algo malo? 

Pues concretamente cuando han bailado y Joaquín ha palpado un poco lo que había, para poco después contar que no le ha gustado lo que ha visto. (A pesar de que lo primero que dijo era que Carmen le parecía guapísima).

«Por los menos me gusta que las personas que tenga cerca mía, que mi pareja, se cuide. que no tenga unos kilitos de más».

«Yo creo que Carmen tiene más kilos en el cuerpo que en el banco.»

«Si hubiera tenido un poquito menos, hubiera sido ideal, la verdad».

Carmen decidió probar a tener una segunda cita con Joaquín sin saber nada de esto, pero cuando fue el turno de éste para decidir si quería repetir una cena con ella, dejó claro que no le interesaba, mientras intentaba maquillar su prejuicio hacia «esos kilos de más».

Total, que al final esta mujer ha salido ganando, porque se ha quitado unos 90 kilos de encima, que se han ido de vuelta a Sevilla, a buscar a ver a qué modelo de Victoria’s Secret se le arrima por allí.

Ella se ha quedado con lo bueno, que ha sido la experiencia y lo que ella ha vivido como un buen rato. Y bueno, con haber esquivado una buena bala, todo sea dicho, porque ya no estamos para aguantar a nadie que te rechaza por unos kilos.

El peso tiene arreglo, pero los prejuicios y la superficialidad no se quitan con ejercicio y dieta. Desde aquí le deseamos suerte a ambos, y que ojalá encuentren lo que buscan.

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Fuente: Cuatro