El tema de las cirugías plásticas es muy delicado. Aquí hemos hablado, en muchas ocasiones, de cómo lo que empieza con un retoque en los labios, acaba con una obsesión por modificar absolutamente todos los rincones de nuestro cuerpo. Personas que estuvieron al borde de la muerte por operarse el pecho por quinta vez u otras que acabaron en la más absoluta ruina por haberse endeudado para ponerse nalgas.

Es verdad que hay muchas historias oscuras que podrían indicar que, el tema de los retoques estéticos, podría ser más peligroso de lo que acostumbramos a pensar. Pero también hay un lado más luminoso; un lado en el que hay personas que han podido dejar atrás un complejo que les atormentaba durante años y que, en una tarde, han pasado a ‘mejor vida’.

Pero luego hay historias muy complejas que, en realidad, no sabemos cómo calificar. La historia de hoy es una de las que tiene el dudoso honor de pertenecer a este grupo y ahora entenderéis el porqué.

Michael Niccole es un cirujano plástico que ha cosechado un gran éxito a lo largo de toda su carrera. Ha ayudado a muchísimas personas a borrar, de una vez por todas, esos pequeños defectos que no les dejaban vivir. No sentirse cómodos con nuestro cuerpo es una situación complicada y eso hace que el trabajo de este tipo de cirujanos tenga un especial valor.

La cosa es que Michael y su mujer no pudieron tener hijos a lo largo de su vida, por lo que optaron por adoptar a dos niñas a las que llamaron Charm y Britanni. La cosa es que, en esta familia, lo de ‘en casa de herrero, cuchara de palo’… no es exactamente así y Peggy, su mujer, ha pasado también varia veces por el quirófano: rinoplastia, liposucción de abdomen, implante de pechos, labios y un poco de botox y, como no tenía suficiente con su cuerpo, se ‘pasó’ al de sus hijas.



Desde que estas eran muy pequeñas, su madre empezó a proporcionarles ‘tratamientos’ estéticos. Charm, a sus 10 años, ya tuvo su primera intervención quirúrgica. ¿En qué consistió esta? Pues en que no le gustaba la forma de su ombligo, y su madre le permitió modificarlo como ella quisiera. Después de eso les hizo una cirugía dental y retocó las orejas.

Cuando ambas cumplieron la mayoría de edad, su padre les regaló unos implantes de pecho… la cosa solo estaba empezando y nadie en esa familia estaba dispuesto a parar.

Al cumplir 21 años, ambas se realizaron una rinoplastia, cambiando por completo la forma de sus narices. ¿Las tenían bien? ¿Las tenían mal? Lo cierto es que eso les daba igual: podían operarse ‘gratis’ y lo harían.



Cuando llegaron a los 25, se subieron la talla del pecho a una copa C. Britanni, por su parte, recurrió a la liposucción para ‘quitarse barriguita’ y por si fuera poco, las dos chicas también se hacen infiltraciones de botox de forma bastante regular.

Lo cierto es que en la familia de Michael todo el mundo se ha realizado algún tipo de retoque estético; desde rinoplastias hasta inyecciones de botox… que, entre familia, nada falte.



“Después de haber recibido tantos insultos y tantas críticas nos dimos cuenta de que las personas son muy ignorantes. Todos los cambios que hemos hecho en nuestro cuerpo son por nuestra propia decisión; es algo que nos hace sentir cómodas y la única persona que es capaz de llevarlo a cabo con el mayor cuidado es nuestro padre”, comentaron las chicas en sus redes sociales al recibir tantos ataques.

Lo cierto es que aquí hay un gran debate y, a pesar de que todos debemos tener libertad para hacer aquello que nos haga más felices (sin perjudicar a nadie), debemos ser conscientes de que hay límites físicos y psicológicos que debemos tener en cuenta… y, aquí, se abre el debate.



A vosotros, ¿qué os ha parecido este caso? ¿Creéis que sus padres han actuado bien? Dejádnoslo en los comentarios. 

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