Hoy podríamos hablar de muchas cosas, y de hecho es justo lo que vamos a hacer. Vamos a hablar de la crueldad y falta de empatía, de la falta de capacidad de superación de algunas personas, de la ausencia de responsabilidad por los actos… y un poco también de la selección natural, ya que estamos.

Y es que vamos a hablar de youtubers, esa especie extraña que descubrimos allá por el 2008 y que desde entonces nos ha dejado buenos momentos, y mucha, mucha morralla.

Muchos youtubers, para que nos entendamos, se llaman a si mismos creadores de contenido, cuando lo que realmente hacen es contar su vida a modo de diario ante una cámara, y los que tienen un poco de originalidad se les suele ir de las manos.

No por nada, sino porque muchos de ellos son niños sin un buen sentido de la responsabilidad, que no pretenden hacerse cargo de sus actos y decisiones, puesto que pretenden usar para todo su carta de que «es para un vídeo».

Con esta excusa se ha visto ya de todo, desde el chaval que grabó como ignoraba a su pobre abuela durante su cumpleaños, y como en otros vídeos hace «sorteos» para tener citas con sus fans (al afortunado siempre le toca con una chica guapa, qué cosas), a bromas pesadas, como el momento del «cara anchoa».

Y es que para hacer una broma, es mejor hacerla bien, y sobretodo controlar a quién se le hace. Uno no puede ir simplemente insultando a la gente por la calle, ni acosando a nadie, una broma no debe hacer peligrar la sensación de seguridad de las personas.

Y aquí es donde entra la selección natural. Ese filtro que hace que los que tienen menos de dos dedos de frente la vayan cagando hasta que se lleven el golpe que llevan rato buscando (Volvemos a recordar el caso de «cara anchoa»).



Ahora todo el mundo se cree que puede hacer de Rémi Gaillard, pero en un estilo nuevo que consiste en no tener ninguna gracia.

Este es el caso de Daniel Saavedra, un youtuber, influencer e intento de cantante de «música urbana» que dedica sus vídeos a hacer «experimentos sociales» en los que avergüenza a chicas con las que intenta ligar para dejarlas como interesadas ante una cámara (y curiosamente no falla ni una).

En este caso su misión era hacer «una broma» que consistía en asaltar a personas desconocidas en la calle, intentando robarles amenazándoles con un cuchillo (Que obviamente no es real).

Y como no podía ser de otra manera… no salió bien.



¿Qué te ha parecido el vídeo? ¿Crees que debería establecerse una multa o consecuencia legal por bromas grabadas, si estas presentan un riesgo para la gente que las sufre? Cuéntanoslo todo en los comentarios de Facebook e Instagram.

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