Internet es un lugar que, por lo general, puede resultar bastante peligroso. Es verdad que ahora podríamos estar un rato hablando de los peligros ‘reales’ que presenta la red: delitos por tráfico de imágenes, vídeos salvajes o mil cosas que no hacen más que reforzar la idea de que el ser humano debería extinguirse. Pero hay otro tipo de peligros más superficiales, pero que son bastante frustrantes (en muchas ocasiones más de lo que deberían).

Cuando nos abrimos una cuenta en una red social, a lo primero que nos exponemos es a que vengan unos cuantos trolls a amargarnos la existencia a más no poder.

Subir una foto a nuestra cuenta de Instagram o verter nuestra opinión en Twitter es exponer una parte de nuestra realidad a que sea juzgada y machacada por el resto de internautas. ¿Siempre es así? Pues lo cierto es que no… pero sí es lo más habitual.

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Pero hay que encontrar la parte positiva: en muchas ocasiones, los usuarios, al intentar trollear, generan situaciones y contenidos que valen muchísimo la pena y que, ciertamente, resultan muy, pero que muy graciosos (aunque esto no es siempre así eh, que quede claro).

Y hoy lo que queremos es destacar estos momentos de esplendor; cuando los astros se alinean a nuestro favor y lo que podría ser un trolleo, se convierte en una conferencia de humor desbocado y un despliegue de ingenio sin igual.

Todo comenzó cuando una tuitera explicaba lo que le había ocurrido esa misma mañana: “No tengo palabras para expresar lo que acaba de ocurrirme”, explicaba @Maraandradees en un tuit que acabó por convertirse en todo un fenómeno viral en la red social favorita de la gente que quiere liarla mucho.

Lo cierto es que esta es una de estas historias que nos permiten a todos sentirnos identificados con ella. ¿A quién no le ha pasado ir caminando por la calle y, de repente, ver en el suelo algo de incalculable valor pero que, al agacharnos a recogerlo, no fuese más que un trozo de metal pintado de oro falso o el envoltorio de una chocolatina al revés? La vida puede llegar a ser un lugar bastante poco apto para la vida.

Pues lo que le pasó a esta tuitera fue algo muy parecido: se subió al ascensor de su finca para disponerse a emprender un duro día de trabajo cuando, en un rinconcito de la estancia, detectó algo que llamó su atención.

Vio un billete doblado de 50 euros tirado ahí como si nada. ¿Podía ser este el principio de un gran día para ella? Pues lo cierto es que no: resultó que, lo que era una alegría, no tardaría en convertirse en pura amargura.

Cuando se agachó para recoger el dinero, detectó que alguien había escrito “JAJAJAJA” en el lado del billete oculto de cara al suelo y que, de hecho, no se trataba de un billete como tal: era el recorte de una revista creada por el mismísimo Satanás (y es que no había otra explicación posible).

Su historia no tardó en recibir un montonazo de comentarios a cada cual más divertido y aquí os dejaremos una pequeña muestra de ellos:

Esta tuvo peor suerte:

Esto creo que es lo que hemos sentido todos:

Toda la razón del mundo:

Pero también hay quienes sospechan de que algo ‘huele raro’:

A vosotros, ¿qué os han parecido estos comentarios? ¿Os ha pasado alguna vez algo parecido? Dejádnoslo en los comentarios.

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño).