Es posible que el tema de que las madres den el pecho en lugares públicos sea algo conflictivo para algunas personas, especialmente entre aquellas que no entienden que es algo natural, por lo que lo normal es que las madres se apoyen entre sí en este aspecto, tanto si son primerizas como experimentadas.

Y es que al bebé le entra hambre cuando le entra hambre. Y una cosa son niños maleducados en lugares públicos, y otra un bebé. Si el pequeño no come, llorará y molestará a los presentes, y ahora parece que si come, también molestará.

La cuestión es que, al final da igual lo que se haga, no se puede contentar a todo el mundo, y eso una lo sabe. Pero dentro de la comprensión hacia los intolerantes hay varios límites, y uno de los más marcados es la violencia.

Es por eso que cuando Carly Clark, madre de tres hijos en Carolina del Sur, pensó que era buena idea compartir públicamente en sus redes sociales una amenaza abierta a cualquier madre que diera el pecho en público, advirtiendo además, que el pequeño también podría llevarse un golpe si se diera el caso.

Como parte de su discurso deja que no quiere que sus hijos vean el pecho a las madres en los lugares públicos, ya que lo considera exhibicionismo (cualquiera diría que se le olvidó que no hacía mucho ella hacía lo mismo, pues sus tres hijos son pequeños).

Como no podía ser de otra manera, la comunidad comenzó a compartir la publicación, cada vez más enfurecida e indignada con la situación, y más siendo por parte de alguien que debería entender el tema más que de sobra.

Algunas madres se dedicaron a ver la información personal de Carly, que en aquel momento era pública en su perfil, y con ello pudieron ver la zona en la que vivía e incluso su puesto de trabajo, que forma un papel esencial en esta historia.

Carly trabajaba (y sí, lo digo en pasado) en una tienda dedicada a artículos para mascotas, con una fuerte filosofía de empresa en la que se destaca el rechazo a la compraventa de animales, fomentando la adopción y los cuidados de los animales de la calle y en situación de abandono.

La empresa decidió que lo mejor era despedir a la trabajadora por no adaptarse a su política de empresa (aunque esta no se posicionaba en un principio respecto a este tema).

Al final lo que tenemos es otro caso más en el que alguien pierde su puesto de trabajo a causa de no controlar sus redes sociales.

Hay quienes le proponen a la señora otras opciones.

Por lo general las respuestas son bastante calmadas, pero también las hay que son buenísimas y harían llorar de la risa a más de uno.

Después de todo… ¿Tan raro es?

También hay quienes tienen ganas de batirse en duelo con Carly.

Y quien simplemente tiene dos dedos de frente y expone la lógica de las cosas.

¿Qué piensas de esta situación? Cuéntanoslo todo en los comentarios de Facebook e Instagram.

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Fuente: BoredPanda