First Dates es una caja de sorpresas. Cuando uno se dispone a abrirla, lo que se encuentra dentro puede ser completamente impredecible. Recordad que, cuando nos cae algo por sorpresa, esta puede ser positiva… o negativa. La cosa es que, en el capítulo que os traemos hoy, la cosa no está demasiado clara y lo mejor será que los juzguéis vosotros mismos.

La primera impresión para ella no fue demasiado positiva. Cuando María se lo cruzó de frente, se dio cuenta de que la cosa empezaba mal: «Ufff, rubio… mi prototipo de chico es moreno y Javi… no es moreno, es rubio».

Javi, por su parte, si parecía estar más encantado con su cita y solo había que mirarle a la cara para ver que tenía una sonrisa de oreja a oreja. La cosa pintaba regular, todo sea dicho y ya, desde el principio de la conversación en la mesa… la cosa se fue torciendo.

Empezaron a hablar de dónde era cada uno de ellos y, a pesar de que ambos vivían en Alicante, Javi se tuvo que apresurar a aclarar que, en realidad, era de Murcia, pero que ya llevaba un tiempo viviendo en Valencia… y ahí llegó el comentario de ella que ha dado título a esta noticia:

«¿Y el ‘acho pijo’ dónde te lo has dejado?», soltó ella. Esto hizo reír mucho a los dos, ya que es uno de os estereotipos más típicos de los murcianos. Pero luego, en privado, desataba la ‘mala baba’: «Me parece muy raro que siendo de Yecla, no tenga el acento murciano. Es muy correcto, muy perfeccionista a la hora de hablar…».

En la mesa seguía: «es muy de pueblo cerrado, Yecla». Pero él tenía su ‘explicación’: «Siempre me ha gustado hablar bien. De hablar correctamente y pronunciar correctamente».

La conversación siguió por los típicos derroteros de ‘dónde trabajas’, ‘qué hace’ etc. Él explicó que trabajaba en temas de marketing online, cosa que a ella no le interesó nada: «nada más que he escuchado publicidad he dicho ‘vale, no me he enterado de nada'».

Ella, por su parte, explicó que estaba estudiando técnico superior de estética: «Cuando quieras hacerte las cejas, te pasas», a lo que él respondió «¿me hace falta, no?» y ella no dudó en soltárselo: «sí».

Ella, de momento, estaba siendo completamente implacable con ella en todo lo que a soltarle zasca tras zasca se refería. El tema de la música tampoco fue un punto de encuentro y lo cierto es que ella fue un poco extraña a la hora de definir lo que le gustaba.

El tema del deporte tampoco: ella explicó su historia y, cuando le tocó hablar a él, ella volvió a soltarle otro corte: «La verdad es que estás muy delgadito», cosa que él, pobre, intentó compensar: «peso bien para mi altura».

Él, en ese punto, ya se estaba rayando un poco: «la verdad es que me parece un poco choni». Ella, al final, lo que tenía era un problema con el tono del pelo: «es una pena que Javi no sea moreno, porque estando como está, me habría llamado la atención».

La cosa, como podréis prever, no acabó demasiado bien:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios. 

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