Nuestro hombre del día es Ed Stafford, sirvió como capitán al ejército británico, y luego de ello se estableció como un auténtico viajero y amante de la aventura.

Pero el último de sus viajes no fue a ningún páramo ni lugar desconocido, sino a las calles de su propia ciudad, cuando decidió que participaría en un documental para el canal 4: «60 días en la calle».

Para cumplir esta misión debía abandonar su casa, a su mujer y a su hijo, y todas las comodidades y privilegios de los que goza como la mayoría de las personas en la ciudad, y cambiar todo aquello por un saco de dormir, un abrigo, y nada más.

 

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Ed Stafford spends #60DaysOnTheStreet with no money and no shelter, filming himself, to get a first-hand view of Britain’s growing homelessness crisis. Tonight 9pm.

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Además, la aventura se planificó para el invierno, para que la experiencia fuera más difícil, y por tanto, más enriquecedora a nivel de conocimiento sobre la situación real de las personas sin hogar.

Este era un problema que realmente afectaba a Stafford, ya que según muchos estudios, un gran número de los indigentes de su país habían servido en el ejército.

 

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Tonight at 9pm on @channel4 is the second episode of #60DAYSONTHESTREETS. This time I’m in London.

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Una vez ya comenzó su nueva tarea, nada más comenzar se dio cuenta de algo inesperado: la vida en la calle da bastante más dinero de lo esperado. En una sola noche no le era demasiado difícil conseguir entre 117 y 234 euros, que es más de lo que gana un londinense a media jornada.

También aprendió que no va a morir de hambre… si no le importa la calidad de la comida: Un gran número de voluntarios se encargan de proveer a las personas sin hogar de comida rápida, y en cantidades bastante abundantes.

Incluso, en una jornada completa en Glasgow pudo encontrar a 26 voluntarios haciendo reparto de comida, cuando sólo eran dos personas pidiendo en la calle. Su otro compañero del día de hecho, llegó a quejarse por la sobrealimentación que tienen algunos días.

«Engordé más de 5 kilos»

60 días a base de comida rápida y de una vida sedentaria (la mayor parte del tiempo la pasa sentado o tumbado en la calle para permanecer bien abrigado y no pasar frío), ganó peso y empeoró considerablemente su salud.

De hecho, al acabar el experimento, una analítica le reveló que de haber continuado así poco tiempo más podría haber empezado a desarrollar enfermedades cardiovasculares.

También se arriesgó a buscar comida en contenedores de restaurantes, esperando encontrar algo de mejor calidad, y aunque encontró una ensalada, tampoco fue un gran alivio, ya que en su interior había un chicle mascado.

También, en más de una ocasión tuvo que agradecer su higiene personal al agua de los inodoros de las cafeterías, ya que necesitaba estar completamente cubierto para poder lavar sus zonas íntimas. La falta de higiene derivó en fuertes picores e irritaciones.

Pero la mayor sorpresa de Ed fue que no estaba solo.

«Yo no era el único falso indigente de aquellas calles, habían más como yo.»

Por muy raro que pueda parecer, Ed se encontró con más personas que estaban en la calle sin necesidad, aunque sus intenciones no eran las de estudiar ni empatizar con la situación de los que sí deben vivir en la calle.

Había quienes simplemente no tenían trabajo o vivían malas rachas y pedían dinero para drogas o alcohol, y por otro lado habían personas que literalmente se «disfrazaban» para conseguir dinero.

100 libras, y para casa.

Algunas de las personas que conoció en la calle le hablaron claramente de su situación, habían intentado buscar trabajo, pero en la mayor parte de los casos estos eran claros ejemplos de explotación laboral.

Finalmente algunos habían decidido que salía más a cuentas pasar la noche fuera, conseguir unas 100 libras (117€), y volver a su cama caliente en casa.

Estos casos sobretodo se daba en inmigrantes, exconvictos sin un correcto proceso de reinserción social, militares, y sorprendentemente, algunos estudiantes.

También había oído multitud de historias de cómo se acaba viviendo en la calle, y casi todas ellas tenían un mismo comienzo: dificultades en casa, y una mala infancia.

¿Qué piensas del experimento de Ed? ¿Crees que en tu ciudad se daría la misma situación? Cuéntanoslo todo en los comentarios de Facebook e Instagram.

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Fuente: Difundir