El cuerpo humano es muy caprichoso. Recientemente, pasábamos por la exposición de ‘Human Bodies’ en Barcelona y, en ella, veíamos como la complejidad del ser humano es muy superior a la que, habitualmente, pensamos. Esto puede parecer una obviedad, pero es que hasta que no ves a un ser humano cortado en láminas… creednos que no os acabáis de hacer una idea de lo que esto supone de verdad.

Dentro de esa complejidad, en ocasiones, surgen pequeños ‘fallos’ o ‘caprichos anatómicos’ que resultan bastante curiosos desde un punto de vista científico. Estos pueden ir desde los lunares, hasta el labio leporino, pasando por la ‘deformidad’ de la que os venimos a hablar hoy: la oreja de Sthal. Pero, para entender este fenómeno mejor, empecemos por sus orígenes.

A finales del siglo XIX, Sthal era un médico dedicado a estudiar las diversas deformidades auriculares que podían darse en el ser humano y, al descubrir esta, como no podía ser de otra forma, su nombre se quedó para etiquetarla. Hoy en día, el término oreja de Stahl hace referencia al tipo de deformidad conocida como ‘crus antihelics trifurcata’.

Esta deformidad es debida a un remanente cartilaginoso anormal, que se extiende desde el antihélix hasta el borde del hélix, y forma de esa manera una tercera curva, que deforma la curvatura de la oreja en su forma general.

Hay que decir que, muchos tipos de deformación auricular, por lo general, comprometen a la audición, dificultándola y, en muchos casos, haciéndola casi imposible (o imposible). Pero esto no ocurre con las orejas Stahl.

Este tipo de orejas únicamente posee consecuencias estéticas para los pacientes que la sufren, pero hay que destacar también que, en muchos casos, las consecuencias sociales de esta deformidad pueden llegar a ser devastadoras para los pacientes.

Estadísticamente hablando, se ha comprobado que este tipo de orejas es más común en pacientes asiáticos, y de presentación unilateral en 80% de los casos (es decir, en una sola de las orejas, vamos… normalmente tenemos dos… ¿os habíais dado cuenta?).



A partir de este momento, por si no os habéis dado cuenta, quedará bastante patente que no somos médicos y que aquí solo estamos haciendo de divulgadores reguleros, pero ahora tendremos que entrar en aspectos algo más ‘científicos’ y lo cierto es que nos limitaremos a soltar un parrafote con la esperanza de que no nos preguntéis demasiado detalles al respecto.

El origen de esta deformidad sigue resultando bastante misterioso para la ciencia en general. A pesar de ello, la hipótesis más fuerte apunta a la herencia familiar y es empleada debido a la afección de miembros de una misma familia, con expresión más frecuente en gemelos idénticos.

A esta hipótesis se le suma otra que sugiere que la deformidad está relacionada de forma directa con el crecimiento anormal de un músculo transverso, un músculo intrínseco del oído… toma ya (¿Habéis entendido algo?).

En definitiva, si habéis tenido a lo largo de vuestra vida una oreja como las que os hemos dejado en las imágenes anteriores y no sabíais muy bien de qué se trataba… puedo que hayamos dado con la solución. ¿No es mágico el mundo de Internet?

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