El ser humano, como muchos otros seres vivos, teme a la muerte. Es natural querer disfrutar de lo que tenemos en esta vida y es normal que la incertidumbre de lo que hay más allá dé un poco de miedo.

Pero hoy os traemos un par de ejemplos recién salidos del horno de personas que son la excepción, y que no temen a la muerte, ni al dolor, ni a matar a otra gente. Vamos allá.

Le importa una mierda

«Inflamable» «No fumar,» reza el aviso en letras grandes, mayúsculas y rojas en este tanque de, posiblemente, gasolina, gas, o cualquier otra materia que no se lleva muy bien con el fuego. Pero a este hombre le da completamente igual la gasolina, el gas, el oxígeno y su vida.

A mí me gusta la gasolina

(Dame más gasolina)

Escalera de incendios

Era difícil hacer una escalera de incendios menos segura que un incendio, pero quien fuera que cometió esta atrocidad lo logró. Probaré mi suerte en el ascensor, gracias.

Podría haber sido peor

Aunque duela haber perdido la barba de una manera tan trágica, podría haber perdido la vida, así que dentro de lo que cabe el resultado no está tan mal. Además, le queda mejor corta.

La manera más segura de transportar jeringuillas

¿Necesitas transportar jeringas? No hay problema, una bolsa de plástico, una telica y ale, pa’ la caja. ¿Qué puede salir mal?

Extra calor

Una bombona encima de una brasa encendida. ¿El resultado? Mucho más calor. Concretamente, el de una explosión en toda tu cara. Frío no vas a pasar.

Cuenta atrás

Es como un reloj de arena, pero de agua. Y lo que cuenta es el tiempo que falta hasta que haya un peligroso cortocircuito. Eso sí, es de bonito que da gusto de ver. Yo me compraba uno. Sin el peligro de ser mortalmente electrocutado, por supuesto.

Cooperación

Suponemos que las instrucciones y cursos de este tipo de vehículos traen todo tipo de avisos y advertencias sobre qué hacer y no hacer a la hora de conducirlos y operarlos. Lo que imaginamos es que en ningún sitio de dichas instrucciones y cursos habrá una sección que especifique «prohibido cargar otro montacargas encima del montacargas». Culpa de los redactores de instrucciones por falta de imaginación.

Apacible siesta

Por lo general las ruedas de camiones de gran envergadura son un gran lugar en el que colar una siesta a escondidas. El único momento donde no es recomendable hacerlo es cuando dicho camión está en marcha. Lo habéis oído aquí primero.

Deslizarse cómodamente

Están las cadenas y luego está usar un tubo para bajar una pendiente tranquilamente. Como un elefante en el circo, pero con más posibilidades de matarse y causar daños de miles de euros.

Seguridad por Photoshop

“Mi empresa no estipula el uso de cascos en el trabajo, así que los tuvieron que poner con Photoshop para la publicidad”.

Qué grandes, y además apenas se nota que está editado. Ese brillito perfectamente natural. Lo malo es que el Photoshop no protege tu cráneo en caso de caerte un trozo de techo en el jeto.

Montaña rusa gratuita

Una hormigonera es una buena manera de girar y girar y sacudir el cuerpo como si de una montaña rusa se tratase. Un pequeño detalle, por eso, es que estas máquinas están hechas para sacudir cemento, no un cuerpo humano. Pero tampoco pasa nada por una vueltica. ¿No?

Gotas para los ojos especialmente potentes

Tan potentes que después de una gota no podrás volver a abrir tus malditos ojos. Efectivamente, damas y caballeros, se trata de un potecito de gotas para ojos al lado de un bote de pegamento, y ambos son casi idénticos. Así que si alguien poco precavido o que no tiene la vista perfecta como, digamos, alguien que necesita gotas para los ojos se equivocara sin querer, la habría cagado pero bien.

¿Qué os parecen estas imágenes? ¿Os ha subido la adrenalina con tanto peligro? ¿Os gustaría ver más? Contadnos vuestra opinión en los comentarios de Facebook e Instagram. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño). 

Fuente: La Guía del Varón