Todo viajero que se precia ha montado en avión, y definitivamente, todo el que pisa un aeropuerto tiene una historia interesante por contar. Tanto para bien como para mal, el emprender un viaje es, y nos damos cuenta en la vuelta a casa, cocinar recuerdos a fuego lento.

No importa el destino, ya puede ser algo de fiesta pura y dura, o un viaje para practicar deporte o irse de aventura, o simple turismo de toda la vida. Lo mejor de salir allá afuera es que siempre vas a volver con mucho que contar.

Eso sí, en parte, muchas de estas experiencias vienen de momentos en los que lo hemos pasado mal, y que luego podemos recordarlos entre risas o como simplemente algo que nos llevaremos aprendidos a casa.

Emily O’Connor tenía en mente el viaje perfecto- Se dirigía a las Islas Canarias para pasar sus vacaciones al sol junto a unas amigas, pero en el camino se encontró con un impedimento: no le permitirían entrar en el avión con su vestimenta.

Y esto hará que os preguntéis (como es normal) qué llevaba puesto para que le dijeran aquello. Pues bien:

Un pantalón mostaza.

Y un top negro.

Este pantalón color mostaza atado a la cintura, con un top negro de tirantes finos, fueron las prendas consideradas como inadecuadas para entrar en el avión, o al menos, así fue estimado por los auxiliares.



Este juicio se debió a una supuesta «ofensa» que hacían las prendas al resto de pasajeros, y le insistieron en que para poder continuar su viaje, debía cambiar su indumentaria.

Pero toda esta situación fue completamente inesperada para Emily, que hasta ese punto había pasado por todos los controles del aeropuerto sin problemas, por lo que no tenía sentido que se la humillara en público al decirle esto frente al resto de pasajeros.

Ella se defendió contando lo de los controles y añadiendo que no había visto ninguna norma de vestimenta en la página web de Thomas Cook, la aerolínea en cuestión.



«Me paré delante de los demás pasajeros y pregunté si alguien se sentía ofendido, pero nadie dijo nada.

Y encima permitieron que un hombre me silbara en presencia del encargado del vuelo y de los cuatro miembros de la tripulación, quienes no dijeron nada.

Estaba temblando y ellos podían verlo, pero de todas formas continuaron ridiculizándome. Fue la peor experiencia de mi vida».



Al final el problema no se resolvió, pero una amiga le prestó una chaqueta, por lo que pudo continuar su viaje, aunque de la forma más incómoda.

Según ‘CNN en español’, la empresa responsable emitió un comunicado en el que aseguró que “está claro que podríamos haber manejado mejor la situación y que lamentaban haber molestado a la señorita O’Connor”.



Pero aun así, en ningún momento se retractaron, y apuntaron que tenían, como otras aerolíneas, una política de vestimenta tanto para hombres como para mujeres y que “nuestros equipos tienen la difícil tarea de implementarla y no siempre lo hacen bien”.

Y como ya sabéis, una disculpa, con un pero detrás, sólo es una terrible excusa.

¿Qué os ha parecido la historia de esta chica? ¿Creéis que si no especifican una norma de vestimenta con anterioridad, pueden tomar medidas luego? ¿Qué habríais hecho en el lugar de ella? Contádnoslo todo en los comentarios de Facebook e Instagram.

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Fuente: Okchicas