En el camino del amor, cada uno sabe a dónde le llevará su destino, como si una figura difusa se le hubiera presentado en sueños, para darle algo más o menos parecido una pista para que le encuentren en el mundo real. Nosotros nos lo imaginamos con una frase corta, algo del palo: «Soy rubia», «Tengo cuerpazo», «Voy al gym todos los días», «Me monto en el dólar», y es que el amor es caprichoso, pero sinceramente, nosotros lo somos más.

Al menos este fue el caso que se presentó en la última noche a comentar de First Dates, ese programa que se dedica a desenredar todos los hilos del destino, y que al tirar con insistencia de ellos, intenta unir los extremos de cada uno, aunque se ve que esto de los nudos no termina de ser lo suyo.

Antonella, la invitada de la noche tiene muy claro lo que quiere. en sus sueños, aquel ser borroso que le prometía ser el amor de su vida, sólo tenía dos palabras para ella: «Soy médico» y con ese adelanto, la joven comenzó la búsqueda de su amor.

Tal vez sea por eso incluso que la chica consiguió un puesto de trabajo como auxiliar de enfermería, ya que dónde iba a conocer a más médicos que trabajando en un hospital (de otra forma debería ir probando partiéndose una pierna o algo, y sólo tendría 2 intentos).

Pero se ve que a la chica no le terminó de funcionar su fantasía a lo «Anatomía de Grey» y decidió dejar el hospital para pedirle ayuda al equipo de First Dates.

Pero por pena para ella, el programa no tiene algo así como un cajón de médicos del que sacar a un pobre hombre y lanzarlo a los brazos de Antonella, el stock estaba agotado, y tuvieron que echar mano de un guardia de seguridad.

«Estos son los bueyes que tenemos, y con estos tenemos que harar.»

Algo así fue lo que debió pensar el equipo organizador de la cita, que se aseguraron de colocar en la mesa a alguien que hiciera que la chica se olvidara de los médicos a golpe de piropo y atención.

La joven, procedente de Barcelona lo había dejado bien claro una y otra vez, y realmente esperaba su encuentro con un profesional sanitario (quizá le quería preguntar por alguna dolencia concreta o algo, porque sí es cierto que coger cita puede ser un follón, e igual pensó que le saldría más fácil por ahí).

«Yo admiro mucho a los médicos y a la gente que se dedica a la sanidad. Me pone mucho la bata y todo eso».

Esto fue lo que le anunció al presentador antes de llegar a la mesa para conocer a su compañero de la noche.

Diego, un guardia de seguridad leonés de 25 años, estaba dispuesto a todo para encontrar una pareja estable que le hiciera sentir completo, luego del vacío que dejan los amores fugaces.

Antonella no se había sentido atraída por su aspecto, pero aún esperaba encontrar una bata blanca y un estetoscopio para jugar a los médicos si se iba con él a casa.

Por desgracia, al enterarse de la profesión del chico, perdió el poco interés que tenía.

La conversación parecía fluir correctamente, ambos se reían, comían y cubrían los silencios con alguna que otra risilla floja. El muchacho, que entre el desánimo, una cosa y la otra, soltaba algún que otro «piropo» desganado, del palo de: «Me gustan las rubias como tú».

Pero a Antonella le gustan los médicos (y a mí también, no te jode).

Lo único medio divertido de verdad lo dijo directamente a cámara al explicar su situación:

«¡No hay manera de sacarla de ahí! Está obsesionada, voy a tener que cambiar de profesión…»

Al final de la historia, como era de esperar, Diego volvió a intentarlo una última vez, pidiendo una segunda cita, de la que fue rechazado. Se dice que si caminas por la noche en algún hospital oscuro, aún puedes oír los pasos de Antonella buscando a su médico amado.

A continuación, os dejamos un vídeo con algunos momentos de la cita donde la joven cuenta su historia.

¿Tú también buscas un médico que te quiera? ¿Prefieres un príncipe? ¿Prefieres un dentista? ¿Qué es lo que te dice la figura difusa de tus sueños? Cuéntanolso todo en los comentarios de Facebook e Instagram.

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Fuente: abc