Vivimos en un mundo en el que la movilidad lo es todo. En la actualidad, si queremos ir de un punto de la ciudad a otro, lo más efectivo sigue siendo coger nuestro coche, poner la canción de ‘I think we’re alone now’ y dirigirnos hacia allá con la tranquilidad de que tenemos todo bajo control… ¿Hay algo más hermoso? La respuesta a esta pregunta, ciertamente, la conocemos todos.

Pero es que claro, para poder experimentar en nuestras propias carnes lo que supone la verdadera magia de la conducción necesitamos, por un lado, nuestro carnet de conducir. Millones de pruebas una tras otra y la necesidad de vender un riñón para poder costeárnoslas.

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Y claro, por mucho que tengamos el carnet, aún nos falta la otra mitad de la ecuación: el coche. Si no tenemos ningún vehículo al cual subirnos para ser los amos de la autopista, de nada nos sirve un trozo de plástico que nos ponga que, efectivamente, podríamos cogerlo… y aquí es cuando entra lo complicado: pasar por el concesionario.

Comprarse un coche es una decisión de lo más complicada. No se trata solo de ir a un concesionario y escoger el primer coche que el vendedor nos plante delante. Requerimos de muchas más cosas y de encontrar un vehículo que se adapte a nuestras necesidades.

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¿Un deportivo? ¿Un todoterreno? Lo cierto es que hay muchas opciones y no todas son las más acertadas. Si vivimos en una ciudad muy concurrida, quizás un SUV se nos quede grande y un Mini sea la mejor opción. Si vives en la montaña y te plantas ahí con el Mini… la cosa está más que jodida.

Pero es que, cuando veáis el vídeo de hoy, os daréis cuenta de que, para estar bien jodidos, no hace falta lanzarse a la aventura con el coche equivocado. Lo único que necesitamos es ser esta mujer y querer comprarse un nuevo bólido.

Esta mujer estaba mirando coches en un concesionario de Hyundai en Gutkar, India. Como es habitual en este tipo de situaciones, uno de los vendedores la invitó a que se subiese en uno de los coches para probarlo y ver si se adaptaba a sus exigencias.

Ella, ni corta ni perezosa se subió y, como podemos ver en las imágenes, empezó a echarle una ojeada a todo el interior del vehículo. Algo que haríamos todos, vamos. Hasta ahí todo normal.

La cosa se complicó cuando, de repente, podemos ver como el coche, poco a poco, empieza a acelerar ante la mirada atónita de los que estaban ahí presentes. Según se pudo saber más tarde, lo que ocurrió fue que la mujer, aparentemente sin querer, pisó el acelerador del vehículo… hasta el fondo.

El resultado final, como podréis ver en las imágenes, fue un completo desastre. Ya no es que chocase a los coches que tenía enfrente; es que atravesó la cristalera del recinto y fue a estamparse con los coches que estaban aparcados fuera.

Vemos que ella intenta por todos los medios frenar el vehículo pero, por algún motivo que se nos escapa, es completamente incapaz de hacerlo (hasta que la frena la física de los objetos sólidos, básicamente).

¿Qué le ha supuesto a ella todo esto? Pues que tendrá que pagar la friolera de 6.000 euros por los daños ocasionados en el concesionario y a los coches del exterior… y menos mal que no pillo a nadie de por medio.

Aquí os dejamos el vídeo con el accidente completo:

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta situación? ¿Digna de una película de Leslie Nielsen? Dejádnoslo en los comentarios. 

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