En nuestro día a día, nos enfrentamos a un montón de situaciones que resultan de lo más desagradables. Pisar la caca de un perro cuando vamos a tirar la basura; equivocarnos a la hora de tirar la basura y tirarnos a nosotros mismos dentro del contenedor; que el contenedor esté lleno de cacas de perro; y así una infinidad de cosas que hacen que la vida se nos quede grande a los vivos.

Estas cosas pueden resultar muy molestas y lo cierto es que cuesta encontrar a gente que disfrute de tener las heces de un can incrustadas en la suela del zapato. Pero también en cierto que hay otras cosas molestas… que no son tan evidentes.

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Cuando alguien chasquea los dedos ¿te dan ganas de vomitar? Si va un loco y se pone a tragar saliva… ¿quieres sacar una recortada y ponértela en la boca? ¿Alguien está masticando como si tuviese la mandíbula de gelatina? Puede que sientas un rechazo extremo… pero, ¿por qué?

La respuesta a esta pregunta es bastante más complicada de lo que parece. Para poder arrojar un poco de luz al respecto, lo mejor será recurrir a la ciencia más exacta y precisa que estudia la naturaleza del ser humano: la astrología.

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Que nooooo, que es broma. Es la psicología (o al menos eso intentan). Resulta que el hecho de que nos de ‘mazo de ascazo tío’ el escuchar estos sonidos tan desagradables, tiene una explicación 100tifika.

Para poder entender esto, debemos recurrir a la condición psiquiátrica llamada Misofonia, que literalmente significa “odio a los sonidos” (como siempre, los científicos no son demasiado originales… aunque de latín saben un rato).



No os alarméis: no se trata de un trastorno grave ni nada por el estilo. Tampoco es algo que tenga todo el mundo y, de hecho, solo lo tienen unas pocas personas que son particularmente sensibles y solo con algunos sonidos muy concretos.

Lo cierto es que, respecto a este trastorno, no hay demasiados estudios específicos. Pero lo que sí se ha podido comprobar es que, efectivamente, se trata de una condición psiquiátrica y, de los estudios realizados, se ha llegado a la conclusión de que el ruido que más molesta a la gente que sufre Misofonia es el que hace la gente al comer.



Se ha podido saber también que la mayoría de las personas que sufren de este trastorno son conscientes del mismo e intentan tranquilizarse cuando sienten la situación de extrema ansiedad. ¿Qué pasa con esto? Que la cosa va a peor y cada vez cuesta más controlarse.

Lo bueno de todo esto es que, como siempre (o casi siempre en la psicología), tiene solución. No hace falta que vayas a un psiquiatra a que te infle a pastillas y el doctor Pawel Jastreboff nos recomienda que apliquemos refuerzos positivos para reprogramar el cerebro y asociar experiencias positivas con los desencadenantes negativos.



¿Esto no consigue solucionar tu problema? Aquí tienes tres opciones más:

  1. Causar daño potencial con tus mecanismos para afrontar el problema
  2. Acudir a terapia
  3. Asumir lo que te pase en la cara cuando le digas a alguien que come peor que un animal.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta extraña, perturbadora y delicioso trastorno neurológico? ¿Os ha entrado hambre o, por el contrario, ganas de vomitar? Dejádnoslo en los comentarios. 

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