¿Cómo puede ser la vida de alguien que cambia por completo para luego volver a ser el mismo?

Bueno, el mismo no podrá volver a ser realmente. Él es Martin Föhse, profesor de derecho administrativo de la universidad de St. Gallen, en Suiza. Y ha vivido como dos personas diferentes, cada una de un género distinto.

Aunque hoy vemos a un Martin seguro de sí mismo y con su característico torrente de voz, hace sólo unos pocos años, su lugar lo ocupaba una sofisticada Kathrin, con una voz tan suave que habría necesitado un micrófono para poder dar clase en un aula tan grande.

Tiene una capacidad de adaptación increíble, y se atreve a descubrir quién se siente realmente, con todo lo que ello conlleva.

Föhse acabó especialmente encantado con el comportamiento de sus alumnos cuando, tras su última transformación ellos comenzaron a tratarlo de nuevo con el género masculino sin necesidad de darles ningún tipo de explicación. Además, quiso resaltar el maduro comportamiento de sus estudiantes al no haber hecho ningún comentario malintencionado. 

El ahora profesor se siente absolutamente orgulloso de su historia, ya que le ha dado una perspectiva que muy pocas personas pueden llegar a alcanzar. Además de que ha sido un camino del que ha aprendido mucho.

A sus 24, mientras estudiaba en la universidad de Berna, comenzó una relación con Anita, con quien estuvo tranquilamente 10 años, habiéndole confesado en el primero sus dudas sobre su identidad de género, hasta que finalmente decidieron dejarlo de la forma más sana y natural posible, al empezar a notar incomodidades en la pareja.

Es en 2008 cuando decide que su transformación ya es algo inminente. Decide comenzar por un cambio de estilo para su cabello, luego apunta a su rutina diaria, y así tomando todo el cambio a base de pequeños pasos, comenzó a notar grandes diferencias.




Para aquel momento se encontraba trabajando en un importante bufete de abogados, y tras anunciar que se iría de vacaciones a Guadalupe, terminó su discurso con un tajante «Regresaré como una mujer».

Sus compañeros del bufete prepararon las más mínimas formalidades para su vuelta: cambiaron la chapa de su oficina, su nombre en la web de la empresa, su fotografía y poco más.

Al poco tiempo de comenzar su nueva vida como mujer, se percató de muchas de las presiones que ellas sufrían sin que su «antiguo yo» lo supiera.

Comenzó a sentirse insegura en los espacios públicos, no se podía permitir la tranquilidad de ir dos días vestida igual a la oficina o universidad, empezó a comer menos preocupada por creer que engordaba más fácilmente…




Mientras llevaba a cabo una terapia hormonal que la ayudaba a completar su transformación, comenzó a darse cuenta de que su número de clientes no paraba de bajar, sospechando de que la razón fuese su vuelta al mundo laboral con su nueva identidad.

Tras llegar a dicha conclusión, dejó su trabajo buscando algo de lo que de verdad pudiera formar parte en su nueva vida. Pasó otros 10 años haciéndose un hueco como mujer en un mundo de hombres, especializándose en materia energética.

A pesar de que a estas alturas ya todos la reconocían como mujer, ella decidió ausentarse nuevamente, esta vez para realizarse la cirugía que la terminaría convirtiendo en Kathrin de forma definitiva.

Durante esta etapa de su vida se volvió a enamorar nuevamente de una mujer; de hecho, se percató de que en ningún momento le habían dejado de gustar, por lo que comprendió que era lesbiana. Su nueva pareja, Akane, conoció solo una verdad a medias, ya que le habló de su vida junto a Anita (su expareja), pero no de su pasado como hombre.

Tras un tiempo se dio lugar a la confesión, que hizo dudar a la nueva pareja sobre si tendría que luchar en algún momento con el Martin que aún pudiera quedar dentro de Kathrin. La convivencia duró 8 años.




Akane pasó a convertirse, además de en su pareja, en su confidente acerca de su situación, ya que las dudas sobre su identidad volvían a aparecer. Kathrin empezaba a sentirse presionada para mantener su identidad como mujer, ya que a arte de todo lo que cargaba simplemente por su nuevo género, había que sumarle esfuerzos extra por cambiar su voz, las hormonas y el mantener una postura femenina constante.

(La pobre, si sólo alguien le hubiera dicho que eso tiene en realidad poco que ver con ser mujer…)

Es en su siguiente otoño cuando comienza con inyecciones de testosterona, y se decide a volver a su identidad como Martin, temiendo la reacción de las personas de su entorno, la cual le sorprendió de forma muy positiva.




Tras toda esta experiencia, Martin aclaró que sigue sintiendo a Kathrin como una parte de él, y que se ha sentido agradecido por todo lo aprendido en el camino que le ha llevado hasta donde está ahora.




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Fuente: Infobae