Seguro que si buscamos en el fondo de algún armario o un cajón de nuestra casa encontraremos una vieja caja o un viejo álbum lleno de recuerdos en forma de fotos de nuestra infancia, adolescencia o juventud en general.

Mirarlas nos evocará todo tipo de recuerdos, de cuando éramos un bebé y le arrancamos un mechón de pelo a la tía Pepa, de cuando cagamos en el suelo por primera vez, de cuando hicimos la comunión a cambio de una PlayStation, del primer navajazo… No juzguéis, todos hemos tenido nuestras movidas.

Pero hoy os presentamos a otro tipo de persona: gente que se ha visto animada a recrear las fotos de antaño, y, por el paso del tiempo, el resultado les ha salido divertido.

La preocupación eterna

La preocupación de una madre es atemporal. O al menos así lo parece después de ver estas dos fotos. Aunque los pequeños (que ya no tan pequeños) parecen felices a través del tiempo.

Sigue siendo pequeño por dentro

Muchos amos y amas de perros y perras se han encontrado (y encontrada) con esta situación (y situacián… vale, ya paramos): tienes un cachorro enano y adorable en tus brazos, y, pocos años después, se convierte en un mastodóntico canino al que apenas le puedes levantar una pata a menos que él se deje. Y aquí tenemos la descripción gráfica.

De bebé de juguete a bebé de carne

Al parecer estas dos mujeres pensaban cuando eran niñas que el modo demostración de «tengamos una criatura» era demasiado fácil, así que se atrevieron con la versión completa, una que hiciera ruido y cagara encima. Bravo por ellas.

Antes era más manejable

Pues lo que pasa con los bebés es que después crecen y ya no son tan fáciles de cargar. Pero la ventaja es la siguiente: si lo haces bien, al cabo de los años, terminarán ellos cargando contigo.

Cuando cambias por fuera pero no por dentro

Puede haber crecido más o menos con los años, pero la mirada de incredulidad de «no me creo que no hayas sido tú el que se ha tirado el pedo» no ha cambiado en absoluto.

Duele un poco más ponérselo en las piernas

Algo muy positivo a valorar de esta foto es que al parecer han conservado perfectamente las guitarras durante todos estos años. Y los hijos también. Bravo por los cuidados de esta familia.

La naturaleza peliaguda

En cuanto a pelo se refiere, empiezas tu vida tal como la terminas: calvo. Y esta foto de, presuntamente, padre e hijo, ilustra perfectamente este punto y otro: que la calvicie es genética.

Un reto que se hace más difícil con los años

Como más crezca tu prole más difícil de manejar se hacen en todos los sentidos. Uno de ellos, atraparlos en medio salto. A partir de los 15, esa tarea se hace más ardua cada año que pasa. Y llega un punto donde con cada año ellos crecen más y tú empequeñeces. Le deseamos suerte a este (presunto) padre en el reto de atrapar a su (presunta) hija.

Otro día, el mismo restaurante

Hay cosas que nunca cambian, como el gusto por la buena comida. Y si te ofrecen buena comida, es posible que te quedes en ese sitio durante mucho tiempo. Es el caso de este (presunto) padre y su (presunta) hija.

La chica con el pijama de rayas

Esta chica ha conseguido recrear con éxito la foto de su infancia, llevando una camiseta muy similar y hasta un pan semejante. Lo que, claro, el pan en sus manos parece ahora mucho más pequeño de lo que era antes.

¿Qué os parecen estas imágenes? ¿Os atreveríais a recrear una de vuestra infancia o juventud? ¿Os gustaría ver más? Contadnos vuestra opinión en los comentarios de Facebook e Instagram. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño). 

Fuente: Difundir.org